Universidad de Chile atraviesa días decisivos para su futuro. Mientras el equipo de Fernando Gago intenta cerrar la temporada 2026 con objetivos deportivos importantes, en las oficinas de Azul Azul se desarrolla una compleja transición dirigencial que amenaza con modificar buena parte de la estructura del club. La próxima conformación del directorio de la concesionaria abre interrogantes sobre la continuidad del entrenador argentino, del gerente deportivo Manuel Mayo y del gerente general Ignacio Asenjo.
La incertidumbre se produce en medio de las consecuencias del caso Sartor, que provocó un profundo reordenamiento en la propiedad y administración de Azul Azul. El liquidador Eduardo Godoy asumió un papel determinante sobre las acciones del Fondo de Inversión Privado Tactical Sport, controlador de la concesionaria, y actualmente trabaja en el proceso que permitirá definir el futuro de esa participación accionaria. En paralelo, la renovación del directorio amenaza con abrir una nueva etapa de cambios en la institución.
Una de las principales interrogantes apunta directamente a Fernando Gago. Aunque el entrenador mantiene contrato hasta diciembre de 2027, su permanencia no está completamente garantizada. Así lo reconoció la todavía presidenta de Azul Azul, Cecilia Pérez, quien dejó establecido que será la nueva administración la encargada de evaluar el proyecto deportivo y determinar si el argentino continuará al mando del primer equipo.
“Fernando Gago tiene contrato por dos años, pero no es una decisión que me vaya a tocar determinar a mí. Es un directorio nuevo, en su gran mayoría, el que va a tener que tomar esas decisiones, conforme a los objetivos trazados por la gerencia deportiva. Yo espero que siga”, manifestó Pérez, dejando abierta una interrogante que parecía resuelta desde el punto de vista contractual.
El escenario tampoco es sencillo para Manuel Mayo e Ignacio Asenjo. Ambos ejecutivos fueron citados en calidad de imputados en una investigación por presunta administración desleal, situación que ha generado nuevas dudas sobre su permanencia en la concesionaria. Si bien la investigación se encuentra en desarrollo y no implica una declaración de culpabilidad, el proceso judicial aparece como otro elemento de tensión en una administración que enfrenta cuestionamientos institucionales.
Frente a este panorama, Cecilia Pérez salió públicamente en defensa de ambos funcionarios. “Lamentablemente en nuestro país desde hace unos años no es lo que se respeta (la presunción de inocencia), se suele apuntar con el dedo a las personas, como sinónimo de condenado. Cuando terminan estas investigaciones y no se persevera, el daño ya se hizo”, expresó la presidenta, quien también aseguró que la institución ha procurado acompañarlos durante este complejo momento personal.
Sin embargo, el respaldo de Pérez no constituye una garantía de continuidad. La propia dirigente reconoció que la decisión corresponderá al próximo directorio y advirtió sobre las consecuencias de realizar modificaciones simultáneas en la conducción institucional y deportiva. “Provocar una salida mayoritaria en términos de remoción del directorio provoca sin duda una incertidumbre en el club; hacerlo además con la plana gerencial yo creo que no solamente profundiza la inquietud, sino que es una mala señal frente al proceso en el que se está”, sostuvo.
Una postura similar, aunque con mayor distancia respecto de las decisiones futuras, manifestó Eduardo Godoy. Consultado específicamente por Manuel Mayo y su situación judicial, el liquidador explicó que su calidad de imputado no modifica automáticamente sus funciones dentro de la institución. “La calidad de imputado significa que hay una investigación, todavía está en una fase inicial. Obviamente que se observa, pero no cambia mayormente lo que está realizando”, señaló, antes de precisar que su futuro deberá ser resuelto por el nuevo directorio.
A este complejo escenario se suma la posición de la propia Universidad de Chile. Godoy sostuvo una reunión con representantes de la casa de estudios para abordar la relación entre la institución académica y Azul Azul, particularmente respecto del uso de su nombre, símbolos y principios. El abogado Andrés Jana explicó que ambas partes intercambiaron información sobre la situación del club y coincidieron en la necesidad de construir una relación que permita resguardar adecuadamente el carácter de la universidad.
De esta manera, la crisis de Azul Azul ha dejado de ser exclusivamente un problema relacionado con la propiedad de la concesionaria. Ahora también alcanza directamente a la planificación deportiva, la estabilidad de sus principales ejecutivos y la continuidad de un cuerpo técnico que todavía tiene contrato vigente. La eventual llegada de nuevos dirigentes podría significar una revisión completa del proyecto que actualmente encabezan Gago y Mayo.
Todo esto ocurre mientras Universidad de Chile intenta mantener el foco en la cancha. La reciente goleada por 4-0 sobre Deportes Antofagasta, que permitió remontar la eliminatoria y avanzar a las semifinales de Copa Chile, entregó un respiro deportivo después de la derrota ante Universidad Católica. Sin embargo, los resultados no han logrado despejar las dudas sobre lo que sucederá en la institución durante las próximas semanas.
Con la renovación del directorio programada para noviembre, Azul Azul se aproxima a una definición que podría marcar el rumbo de Universidad de Chile durante 2027, precisamente el año de su centenario. Fernando Gago tiene contrato, Manuel Mayo e Ignacio Asenjo cuentan con el respaldo de la presidenta saliente y Eduardo Godoy insiste en que las decisiones corresponderán a quienes asuman la conducción. Por ahora, ninguna de esas circunstancias garantiza la permanencia de los protagonistas.
La gran paradoja es que Universidad de Chile busca construir un proyecto deportivo para celebrar sus 100 años de historia, pero todavía no existe certeza sobre quiénes serán los encargados de ejecutarlo.