Universidad de Chile necesitaba una noche convincente y la encontró en el Estadio Santa Laura. El equipo dirigido por Fernando Gago goleó por 4-0 a Deportes Antofagasta, remontó la desventaja de dos goles que arrastraba desde el partido de ida y aseguró su clasificación a las semifinales de Copa Chile. Una victoria contundente, construida desde el dominio absoluto del juego y que tuvo como gran protagonista a Octavio Rivero, autor de dos goles en su regreso a la titularidad.
Desde el primer minuto quedó claro que la U estaba decidida a llevarse por delante a su rival. Antofagasta se vio completamente sobrepasada por la intensidad, la presión y la movilidad de los azules, que instalaron el partido prácticamente en campo contrario. Sin embargo, durante buena parte del primer tiempo apareció una figura inesperada: Juan Pablo Cisternas. El arquero visitante sostuvo el cero con intervenciones ante Charles Aránguiz, Maximiliano Guerrero y Agustín Arce, convirtiéndose en el principal responsable de que la resistencia nortina se extendiera hasta los últimos minutos de la primera mitad.
Pero la superioridad terminó encontrando recompensa. Sobre el cierre del primer tiempo, Octavio Rivero recibió dentro del área y, con una definición de media vuelta, abrió el marcador para encender la ilusión de la remontada. El gol tuvo un significado especial para el delantero uruguayo, que no era titular desde la primera fecha del Campeonato Nacional, cuando enfrentó a Audax Italiano. Gago decidió devolverle la confianza en uno de los encuentros más importantes de la temporada y el atacante comenzó a pagar esa apuesta con goles.
El segundo tiempo mantuvo la misma tendencia. La U siguió atacando, moviendo el balón y encontrando espacios ante un Antofagasta que prácticamente no conseguía salir de su propio terreno. A los 57 minutos apareció nuevamente Rivero, esta vez con un golpe de cabeza que significó el 2-0 y la igualdad en el marcador global. Santa Laura explotó y la eliminatoria, que parecía tan complicada después de la derrota en el norte, estaba completamente abierta.
El equipo de Gago no se conformó con igualar la serie y continuó buscando el tercero. Eduardo Vargas tuvo oportunidades para aumentar la diferencia, mientras que un gol de Maximiliano Guerrero fue anulado por posición de adelanto de Matías Zaldivia. Antofagasta, que había ofrecido muy poco en ataque, tuvo su gran oportunidad a los 74 minutos, cuando Bayron Hurtado quedó en posición de convertir, pero Gabriel Castellón respondió con una intervención fundamental para evitar un golpe que pudo cambiar el destino de la clasificación.
Superado el susto, llegó la sentencia. A los 78 minutos, Agustín Arce convirtió el tercer gol y completó la remontada. El volante de apenas 21 años alcanzó las 13 anotaciones en la temporada, una cifra extraordinaria para un futbolista de su posición y edad, que sigue consolidándose como uno de los grandes argumentos ofensivos de Universidad de Chile. Apenas tres minutos después, Eduardo Vargas apareció para establecer el 4-0 definitivo y transformar la clasificación en una goleada.
Más allá de los goles, hubo rendimientos individuales que explican la enorme diferencia entre ambos equipos. Marcelo Morales y Maximiliano Guerrero realizaron un buen partido por las bandas, aportando profundidad, amplitud y constantes alternativas ofensivas. Charles Aránguiz, en tanto, se mostró mucho más suelto que en encuentros anteriores, con libertad para pisar el área rival y participar directamente en la generación de oportunidades. El volante tuvo mayor protagonismo cerca del arco contrario y fue un factor importante en el funcionamiento colectivo.
También hubo una imagen que resumió buena parte de la noche. Cuando Octavio Rivero abandonó la cancha a los 84 minutos, se fundió en un abrazo con Fernando Gago. El gesto reflejó la satisfacción de ambos: la del delantero, que después de tanto tiempo volvió a recibir una oportunidad desde el inicio y respondió con dos goles, y la del entrenador, que apostó por un futbolista relegado durante buena parte de la temporada y encontró una respuesta que terminó siendo decisiva.
Fue, sin discusión, uno de los buenos partidos de Universidad de Chile bajo la conducción de Gago. El equipo mostró intensidad, variantes ofensivas, circulación y una actitud permanente de búsqueda del arco contrario. Sin embargo, el resultado también exige una lectura con perspectiva. Los azules enfrentaron a un equipo de Primera B, que llegó con una ventaja importante y terminó siendo superado futbolística y físicamente. La U hizo lo que tenía que hacer, incluso con una contundencia que no había conseguido en otros compromisos importantes, pero esta actuación todavía necesita confirmación frente a rivales de mayor exigencia.
La clasificación permite que Universidad de Chile mantenga abierta una posibilidad concreta de terminar el 2026 levantando un trofeo, en una temporada marcada por los problemas deportivos e institucionales. En semifinales deberá esperar al ganador de una parte del cuadro que todavía tiene encuentros pendientes: O'Higgins debe resolver su llave de cuartos de final, mientras Coquimbo Unido y Unión La Calera aún tienen que definir su enfrentamiento de octavos.
Por ahora, el calendario no ofrece demasiado espacio para las celebraciones. Este domingo 8 de noviembre, Universidad de Chile enfrentará a Cobresal en el Estadio El Teniente de Rancagua, en un compromiso fundamental para sus aspiraciones de alcanzar el Chile 2 y conseguir la clasificación directa a la fase de grupos de la Copa Libertadores.