Una selección insulsa y sin alma
El pecado de Nicolás Córdova armar un equipo sin identidad, que no transmite nada y parece una selección de algún país perdido en Europa del Este
Por Juan Cristóbal Guarello · 3 min de lectura
El juego de los favoritos y candidatos no pasa de ser eso: un juego. Cada uno elige y tiene sus razones, hoy veo un scratch con hambre, algo que le faltó en los mundiales anteriores

Consultado el gran Alfredo Di Stefano antes que comenzara el Mundial de 1994 en Estados Unidos qué equipo veía como favorito, dio una respuesta propia de su carácter: República de Irlanda. Argumentó que los veía fuertes y comprometidos. Dejó de lado que Eire nunca ha sido competitiva a nivel mundial ni continental, tiene una de las ligas más débiles de la UEFA y sus principales jugadores eran hombres de overol que destacaban en la Premier metiendo planchas y rechazando a la tribuna. La realidad de los Mundiales fue implacable con el aventurado pronóstico de la Saeta Rubia: República de Irlanda se fue en octavos al caer sin apelación ante Holanda por 2-0.
Lo que ocurrió con Alfredo Di Stefano es un ejemplo de la lógica que se aplica en el Mundial de Fútbol: pueden jugar 16, 24, 32 y ahora 48 equipos, pero los verdaderos favoritos se cuentan con los dedos de una mano. Croacia, Marruecos, Corea del Sur se pueden colar en semifinales, pero a la larga los que van a ganar son siempre los mismos o los que logran, finalmente, meterse en el grupo de élite (Francia en 1998 y España en 2010).
Para el torneo que comienza hoy, caótico como nunca antes en la historia, la lógica de los Mundiales sigue la regla clara: el ganador sale de entre España, Francia y Argentina, alguna ficha a Inglaterra, la sorpresa a Portugal, Alemania siempre es candidato... A Brasil, curiosamente, lo están relegando como nunca antes. Una serie de fracasos que se proyecta por veinte años, la indisciplina y liviandad con que muchos jugadores brasileños se han tomado el asunto, la mala costumbre de llegar agrandados al Mundial, la presión descomunal de la hinchada y los medios para los que cualquier cosa menos que salir campeón es un humillante.
Esta vez, creo, la cosa es diferente. Con Carlo Ancelotti en la banca, mucho caudal ofensivo para poner en la mesa y, algo que pocas selecciones brasileñas han tenido en los últimos años, hambre, veo un scracth enfocado, guerrero y de gran calidad. Sin las polémicas de otro momento, sin los divismos que rompían el camarín (a Vini Carlo lo puso en vereda), sin los fiesteros que no querían entrenar (Neymar sabe que es su último Metro), este Brasil equilibrado con un técnico que sabe manejar egos y presiones, laterales que no van a dejar a la defensa botada, una capacidad goleadora a punto de explotar y las ganas de cobrarse revancha de las humillaciones sufridas ante Argentina, es mi candidato para quedarse con la Copa del Mundo.
Ahora, el camino al título está lleno de detalles que te pueden arruinar en un minuto, como el gol de Croacia en los descuentos el 2022 o que fallas bajo los palos de manera increíble contra Bélgica el 2018. No hay garantías, los otros favoritos son fuertísimos, pero, desde mi posición, el candidato es Brasil.
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