Una selección insulsa y sin alma
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Por Juan Cristóbal Guarello · 3 min de lectura
La extinción de clubes chilenos sigue sin freno. El cuadro hispano está a punto de descender mientras sus dirigentes viven a doce mil kilómetros de distancia. Parece imposible, pero hay un patrón de disolución en el cual Unión está a punto de pasar la primera fase

Primer acto, el club de Primera cae al Ascenso luego de una paupérrima campaña donde se mezclaron indolencia de los dirigentes, malas decisiones futbolísticas y paulatino alejamiento del público. Segundo acto, en la B el club no logra remontar, el público sigue bajando, los ingresos se van en picada. Tercer acto, el club entra en una dinámica de pérdidas en la tesorería y malos resultados en la cacha, al final de temporada sufre una dura sanción del Tribunal de Penalidades por sueldos impagos y cae a la Segunda Profesional. Cuarto acto, en la Segunda, sin recursos económicos, sin mecenas, sin público y sin competencias, los problemas económicas se hacen cada vez más grandes, nueva sanción por incumplimientos, el club desciende a Tercera A. Quinto acto, los dirigentes abandonan el barco, un grupo de hinchas intentan salvar al club pero no tienen la propiedad de la marca, por lo que no pueden hacer nada. Último acto, el club decide congelar su participación en los campeonatos de la Federación a la espera de recursos que nunca llegarán. Fin.
Ovalle, Fernández Vial, Barnechea, Iberia... Santiago Morning en proceso ¿Unión Española? algunos dirán que es imposible, el cuadro hispano tiene una gran masa de hinchas y un estadio que sin él, nuestro fútbol no se puede explicar. Es decir, el fútbol chileno es, de alguna manera metafórica, el estadio Santa Laura.
Pero las señales son preocupantes. El club hispano está a punto de cumplir el primer acto con un descenso en la puerta, una hinchada cada vez manos cercana y los dirigentes con ganas de vender antes que de arreglar la situación. Los seguidores de Unión Española lo saben bien: te vas al Ascenso y puede pasar una década completa sin que puedas volver. Si es que no te agarra la bicicleta y las obligaciones económicas te terminan comiendo. De ahí los pasos hacia la disolución se hacen cada vez más veloces. Fernández Vial por ejemplo, un día proyectaban subir a Primera y a la mañana siguiente se encuentran que no hay club.
Esta es una advertencia. Unión está en una espiral descendente que puede terminar muy mal. Las torres del estadio Santa Laura sin montar y candidatas al óxido son una señal. Una muy mala señal.
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