ColumnasRonald Valladares también es víctima
¿Puede la maquinaria del fútbol chileno convertir a un juvenil promisorio en un delincuente? No del todo, pero si ayudar mucho.
Por Juan Cristóbal Guarello · 2 min de lectura
La primera fecha del fútbol chileno, salvo la U con Audax, se jugó con tribunas vacías. El desapego de las instituciones con los hinchas de verdad y la violencia han alejado cada vez más al público del estadio.

El lento e intrascendente partido del lunes entre Everton y Unión Calera puede ser una muestra precisa del fútbol profesional chileno de la actualidad: dos clubes cuya propiedad es de representantes se enfrentan con tribunas vacías por un castigo a la barra local y el juego en la cancha es lento e impreciso a niveles de exasperar al más calmado. La primera fecha del campeonato 2026 se realizó, como ya es una mala costumbre, en el medio de todo tipo de amenazas de las barras, castigos de la ANFP y restricciones del gobierno. Resultado: sacando el partido de Universidad de Chile contra Audax, que tiene su propia historia, el promedio de espectadores fue de 2.618. Y eso que Colo Colo y Universidad Católica jugaron en dos ciudades grandes, futboleras, pero aun así no fue posible evitar estas cifras propias de la Segunda División Profesional.
Católica, que podía llevar público visitante a La Portada, apenas sumó 5.578 espectadores contra La Serena. Ni la expectativa del plantel que jugará la Copa Libertadores pudo contra la indiferencia de los serenenses con su club, ya saben que es un zombi manejado por Felicevich, y el miedo de que los barristas cruzados armaran un lío. En el Elías Figueroa Limache, con aforo reducido y prohibición de entrada para la barra de Colo Colo, apenas superó los dos mil espectadores para un duelo que, en época muy cercana, significaría un lleno total. Pero el historial de desastres provocados por la Garra Blanca en cualquier lado, incluido el Monumental, y la hostilidad de Valparaíso con Colo Colo, que ya cobró vidas de hinchas, hizo que el duelo se jugara con todas las restricciones posibles. El resultado, un abrumador estadio vacío.
Como estará de malo el asunto, que los 6.6515 espectadores que llevó OHiggins contra Deportes Concepción nos parece una excelente cifra o que Palestino, jugando al fin a un horario decente, superara los 2.500 boletos vendidos contra Ñublense hizo que La Cisterna luciera muy bien en la transmisión. De la misma manera no sorprende demasiado que el “duelo de campeones” entre Universidad de Concepción y Coquimbo Unido apenas sumara 1.324 personas en las gradas del CAP.
El fútbol chileno se está apagando paulatinamente, entre los delincuentes de las barras bravas que tienen un montado un negocio del chantaje y cada día espantan más hinchas y los dueños de clubes que los usan como meras plataformas de negocios sin darles un plus, la gente simplemente dejó de ir. Y del nivel del juego, mejor lo dejamos para otra columna.
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