ColumnasRonald Valladares también es víctima
¿Puede la maquinaria del fútbol chileno convertir a un juvenil promisorio en un delincuente? No del todo, pero si ayudar mucho.
Por Juan Cristóbal Guarello · 2 min de lectura
¿Qué tiene que ver el pedido de Infantino a Messi para que juegue el Mundial 2026, el título inventando de Chiqui Tapia a Rosario Central y la goleada de Estados Unidos al Uruguay de Bielsa? Todo...

Esta semana ocurrieron tres hechos aparentemente inconexos pero que revelan el peso de las grandes estrellas en el fútbol mundial hasta el punto de distorsionar la esencia competitiva de la actividad. Por un lado Uruguay era goleado 5-1 por Estados Unidos donde, una vez más, un porcentaje importante de los jugadores celestes lució irreconocible, desganado y muy lejos de su nivel real; mientras, Gianni Ifantino, en medio de su labor como ayudante todoterreno de Donald Trump, hacía un pedido público para asegurar la concurrencia de Lionel Messi al Mundial 2026 y, finalmente, Claudio Chiqui Tapia, ante la perplejidad e indignación del medio futbolístico argentino, le regalaba sin avisarle a nadie un supuesto campeonato de liga al Rosario Central de Ángel Di María. Mismo equipo, hay que decirlo, viene siendo favorecido de manera obscena por los arbitrajes en la AFA.
Tres hechos separados, tres senderos que se unen en un mismo origen: el peso de las grandes figuras que tienen condicionado el fútbol mundial. Estas estrellas muy veteranas, que ya perdieron gran porcentaje de sus capacidad en la cancha, pero que siguen siendo muy importantes para sus federaciones, la Conmebol y, en último término, la FIFA, operan a un nivel condicionando la actividad a sus propios intereses como ya está dicho.
La llegada de Messi al Inter de Miami está ligada de manera íntima a la realización del Mundial es Estados Unidos. Empujarlo, levantarlo, promocionarlo de cualquier manera. Regalándole un cupo al equipo rosa en el Mundial de Clubes, por ejemplo, a traves de un torneo inventado sobre la marcha. Luego, ante ciertas dudas, leves la verdad, de que Messi se sienta cansado o sin ganas de jugar el Mundial del próximo año, sale Infantino a pedírselo públicamente como pasó el miércoles.
Mientras, Marcelo Bilesa sigue pagando el pecado de haber limpiado de la selección uruguaya a la banda de Luis Suárez. Desde que sacó al goleador de la titularidad, y luego de las convocatorias, un grupo importante de compañeros olvidó jugar al fútbol cuando se ponen la camiseta celeste. El nivel de Uruguay es incompatible con la calidad de sus jugadores y la capacidad del entrenador. Muchos de ellos han criticado públicamente a Bielsa, el último Torreira, y operado públicamente su salida.
La derrota 5-1 en Tampa con Estados Unidos se suponía era el capítulo final para que el rosarino se fuera. La idea es cambiar de técnico antes del Mundial para que Luis Suárez, y Cavani porqué no, sean convocados y puedan jugarlo. La cama es muy evidente más allá de todos los errores que pueda haber cometido Marcelo Bielsa. Hay una pandilla de jugadores charrúas que prioriza a Suárez que tener una gran actuación en el Mundial.
En Portugal Roberto Martínez tiene un problema similar con Cristiano Ronaldo. El veterano goleador no está para ser titular por razones obvias. No se desmarca como antes, no tiene la explosión necesaria ni la capacidad de remate de otrora. Pero tiene que ponerlo de entrada, aunque sin en el equipo Cristiano Portugal sea mucho más veloz, profundo y contundente. Comparen resultados.
Finalmente lo de Rosario Central. De un día para otro Claudio Tapia inventó un título de Liga sumando los puntajes de dos campeonatos. No estaba en el reglamento, ni fue discutido por la asamblea de la AFA, ni se el avisó a nadie. El Chiqui le dio una estrella más a Ángel Di María porque a él se le ocurrió. Y de paso le sirve para inventarle un cupo al River de Gallardo para la Libertadores 2026. Un despropósito total. Pero, con tal de dejar feliz a al intocable Fideo, da lo mismo hacer el ridículo y enojar a todo el mundo.
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