ColumnasRonald Valladares también es víctima
¿Puede la maquinaria del fútbol chileno convertir a un juvenil promisorio en un delincuente? No del todo, pero si ayudar mucho.
Por Juan Cristóbal Guarello · 2 min de lectura
El Calvo y Bascuñán de Antofagasta tendrá cancha sintética de "nivel internacional" ¿La verdad? Una muy mala noticia para el deporte.

Por más de sesenta años el estadio Calvo y Bascuñán tuvo una muy digna cancha de césped natural. El recinto, construido por el estado en 1964, supo capear el aire salino y la sequedad del puerto desértico y presentar un terreno apto para la la alta competencia. El Mundial Juvenil de 1987 y la Copa América del 2015 pueden dar fe de ello.
Y resulta que a las puertas de 2026, con todas las tecnologías de desalinización del agua, el avance en semillas resistentes a las condiciones más hostiles y el precio del cobre en las nubes lo que redunda en una inevitable prosperidad de la región, desde la alcaldía de Antofagasta se anuncia, con toda zalagarda, la instalación de una cancha sintética "de estándar internacional", según palabras del alcalde Sacha Razmilic.
Para sumar elementos, el mismo alcalde también promete el reemplazo de la actual pista de atletismo por una igual a la del Estadio Nacional.
Bueno, les tengo varias noticias malas. Primero, no puede haber una pista de atletismo para uso de competencias reglamentarias en la que los fosos de jabalina, martillo y disco estén sobre un piso sintético. No hay que ser muy vivo para entender que la caída de dichos implementos no se van a marcar de la manera correcta. No creo que la jabalina se clave en el piso realmente. Desde ya, el Calvo y Bascuñán queda fuera de cualquier torneo nacional, sudamericano, iberoamericano y panamericano en todas las categorías.
En definitiva, la pista será de adorno.
Pero vamos más allá. Si una Antofagasta más pobre, modesta y con mucho menos herramientas tecnológicas pudo sostener por décadas una dignísima cancha de pasto natural, por qué hoy con todas las ventajas se refugian en el facilismo del sintético. La respuesta es muy sencilla y sirve también para el admirado Claro Arena. Acá lo que menos importa es la práctica del deporte, en este caso el fútbol, siendo la prioridad los "eventos".
Si Antofagasta opta por el sintético se ahorra plata en mantenimiento y puede programar todos los recitales y chinganas sociales que quiera la municipalidad. El estadio, diseñado en su momento como un recinto exclusivamente deportivo que de manera eventual podía recibir algún otro tipo de actividad, se transforma en un "multipropósito" donde la práctica profesional y competitiva de actividad física tiene que ponerse a la cola.
Como el Claro Arena, el Nicolás Chahuán, el Lucio Fariña, el Municipal de La Florida... Santa Laura está bajo amenaza de césped artificial y ahora el Calvo y Bascuñán. El único sintético que se justifica en Chile es el Chinquihue por el nivel de humedad del piso y las lluvias constantes. Todos los demás son simples y pequeños ejercicios comerciales.
Dentro de poco, el 70 u 80% de la liga chilena se jugará en sintético ¿Dónde vivimos? ¿En Groenlandia, Vladivostok, Islas Faroe? ¿Cuántas canchas artificiales tiene la Liga Argentina con sus treinta equipos? Ninguna. Bueno, ellos ganan todo y nosotros organizamos recitales. Después no se quejen.
PD: agradezcan que no me metí en el despelote total de la administración del Estadio Nacional. A esta altura, un centro de eventos común y corriente. En cualquier momento suspenden un partido porque hay un matrimonio o el paseo de una empresa.
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