Lo más peligroso de Colo Colo en su triste presentación contra Universidad de Chile fue un sobrepique de zurda de Arturo Vidal que Castellón, medio tapado, sacó con gran esfuerzo al córner. A esa altura la Supercopa ya estaba definida y el 3-0 para la U era incluso mezquino. Pero no deja de ser llamativo que con las puras ganas y el concho de calidad que le queda, Vidal se amañe para crear, aunque sea casi simbólico, un remate con posibilidad de gol en el arco contrario.
El triunfo de Universidad de Chile fue rotundo e inapelable. Desde las huestes albas lo lógico era retirarse en silencio y planificar, tiene harto trabajo Fernando Ortiz, una atropellada final para meterse de milagro en la Copa Sudamericana.
A Vidal nadie le quita lo comido y lo bailado. Su estantería de trofeos chorrea copas y de seguro debe tener muchas en la bodega porque no hay espacio para exhibirlas. Para mí el jugador más completo, no el mejor, que ha tenido el fútbol chileno. Un multifuncional que le faltó orden táctico para ser perfecto. Lo tenía todo, salvo la disciplina.
Pero su presente es complejo. El cuerpo ha sentido casi veinte años en primera división, siempre al máximo de exigencia física y sicológica. Verlo en la cancha hoy, en esa disociación entre lo que el cerebro quiere y los músculos pueden, llega a doler. Los arrestos de su calidad son innegables: los cambios de frente que hace son los mejores en nuestro campeonato y no cabe duda que su personalidad se irradia. Pero no alcanza con eso. Lento, con agotamiento prematuro, mecha demasiado corta, no llega a las coberturas y se barre desde muy lejos. Por momentos termina siendo un parodia. Por algo Ortiz no lo puso de arranque: aun en el fútbol chileno, Vidal está, con suerte, para media hora.
El problema es que el entorno de Vidal y el propio jugador ven cualquier crítica como un ataque personal. Alentado por una corte de besamanos y pies, o ambos al mismo tiempo, al King, igual que el Emperador de Andersen, nadie se atreve a decirle que está desnudo. Mosa le teme, Almirón le hacía la pata, Gareca lo nominó para que no lo criticara, en los Lives se llena de fanáticos y ciegos. Ni hablar de la gente que trabaja con él: grande King, viva el King, el King sigue siendo el mismo.
Arturo Vidal vive la soledad del éxito. Todos quienes se acercan le quieren sacar algo: fama, plata, contactos... Mucha gente va colgada a esa micro. Ya es un hombre grande, es momento de que reflexione y separe la paja del trigo. Bajar dos cambios y mirarse para adentro le haría bien y, lo mejor, le daría una paz que parece inalcanzable. No es necesario King quedarse con la última palabra. Alexander Solzhenitsyn decía que los verdaderos amigos era los que disentían contigo ¿Tendrás alguno por ahí?