ColumnasRonald Valladares también es víctima
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Por Juan Cristóbal Guarello · 2 min de lectura
Invitamos a Francisco Bengoechea Pares, bisnieto y nieto de ex presidentes, fundador de la Sociedad Anónima y ex socio de la corporación del Vial a analizar la reciente exclusión del club penquista de la Copa Biobío 2025.

La reciente noticia de que la organización del Campeonato Regional 2025, Copa Biobío, había bajado de la competencia a Fernández Vial no sorprendió a nadie. Por un lado se dice que la misma sociedad anónima aurinegra desistió de participar por innumerables problemas logísticos, aunque lo cierto es que era muy difícil que dicha sociedad pudiera representar al Almirante teniendo en cuenta el contexto en que se daba esta participación: primero está la disputa por la administración del fútbol de Fernández Vial, que sigue vigente, y que el solo hecho que la SADP se sumara a la Copa Biobío, abrió un nuevo capitulo en esta ya larga controversia.
La disputa entre estas dos organizaciones nace en el momento en que el cuadro vialino desciende a tercera división. En términos legales se establece que la tercera división es solo para clubes amateurs, por lo que una sociedad anónima deportiva profesional no tendría por qué participar de ella, aunque desde la misma ANFA aclararon que habían cupos destinados para clubes profesionales recién descendidos. El problema fue que Fernández Vial no era un club cualquiera y hasta el Senado llegó el alegato por parte de la corporación del almirante, de que esto era ilegal, es decir, la Federación de Fútbol habría redactado y funcionado por años con bases de campeonato que no cumplían con las leyes chilenas. Algo que no es nada nuevo y puede que haya sido la razón de que ahora en adelante no se permitirán SADP, sin excepción, en tercera división
Desde la Sociedad Anónima alegan que desconocer, después de tan poco andar un acuerdo con que tiene plazo de larga data por el hecho de descender de división es un golpe bajo, motivado principalmente por razones ideológicas y que, a su vez, sería desconocer una gran inversión que les permitió ascender a primera B y que, ahora, que las cosas no se dieron el cancha, les quitan la fuente que les permitiría recuperar lo invertido.
La Corporación plantea que el contrato era claro, que el descenso les devolvía la administración del fútbol, que no se pagaron deudas y que se generaron miles de millones en pérdidas, ni tampoco se ha pagado hasta el día de hoy el uso de marca, por lo que es lógico que el fútbol vuelva a su control.
La historia de rivalidad de quien toma la administración del fútbol en los clubes chilenos no es particular de Vial, nace mucho antes de la ley de SADP y se intensifica con el cambio de modelo instaurado que desconoció tanto el mercado como la realidad local. Los clubes chilenos vienen de un pasado en que las industrias eran el motor económico nacional, estas industrias creaban sus clubes deportivos y les entregaban infraestructura y una masa de socios importante que les permitía mucho más que solo ir al estadio, los socios iban con sus amigos “al club” a tomarse unas copas, llevaban a los hijos a las escuelas deportivas, en verano iban a las piscinas y algunos hasta se casaban en el club.
Con el cambio de modelo y la desindustrialización vivida por nuestro país en los últimos cuarenta años, estos clubes perdieron esa espalda económica y la masa de socios. Rsto le paso en el Biobío al fusionado Lota Schwager cuando cerró la mina, a Naval de Talcahuano cuando lo separaron de la Marina y a Vial al ser separado de Ferrocarriles del Estado. Pero es un fenómeno que atravesó todo el largo de Chile que se sumó a la creación, por ley, de las sociedades anónimas deportivas hace veinte años. El tema se complica con la creación de la nefasta segunda división profesionalel 2012 y sus oscuros incentivos para hacerse controlador de una SADP, que han llevado a muchos empresarios chilenos y trasandinos a “invertir” en el fútbol nacional.
Hoy estoy escribiendo de Vial, al que conozco desde la cuna, de su “pésima suerte”, de su triste pasar, de sus rivalidades internas. Pero bajo la lógica del fútbol actual, puede ser la historia de Melipilla, Lautaro, San Antonio, Trasandino, Rangers, Everton, Wanderers, cualquier club que se vio obligado por ley a entregar su administración a una SADP, después de, como corporación, perder todo su capital durante años y solo acumular deudas y para que después de mucho esfuerzo, al salir campeón, de premio, le impusieran regalar sus futuros ingresos a un empresario que apostaría por subir a primera B en un par años. En caso de no lograrlo, le entregara la sociedad, ya endeudada, a un próximo apostador, mientras que la corporación, esa institución de un par de viejitos y jóvenes románticos, ve como estos empresarios hacen y deshacen con tal de llegar a ese sitio donde se reparte el botín. Botín que nunca verá el verdadero club, sino quienes hacen andar la maquinilla que permite que el domingo salgan a la cancha once jugadores con la camiseta de lo que alguna vez fue un club deportivo y social con todas sus letras, bueno ellos y un par de clubes creados para el modelo.
Pero en el caso del Club Deportivo Ferroviario Almirante Arturo Fernández Vial la fórmula ya se agotó, ya no hay apostador, ya no hay once jugadores que salgan a la cancha a maquillar el triste pasar de la institución. Solo hay deudas millonarias, disputas, peleas, comunicados vagos de una y otra parte. Ahora bien, si sirve de consuelo, también queda un viejo gimnasio, entregado al club en comodato, que está ubicado en el centro de la ciudad y que tiene pintado el escudo uno de los clubes más antiguos del país, que ha sido testigo de toda la historia del fútbol nacional y que hoy, al igual que el deporte rey criollo y muchos de los clubes que lo conforman, agoniza producto de las malas decisiones de quienes lo administran, la laxitud de quienes crearon las leyes de sociedades deportivas y la horrorosa gestión actual de fútbol profesional chileno.
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