Una selección insulsa y sin alma
El pecado de Nicolás Córdova armar un equipo sin identidad, que no transmite nada y parece una selección de algún país perdido en Europa del Este
Por Juan Cristóbal Guarello · 3 min de lectura
Iquique, Calama y El Salvador, con condiciones parecidas, por no decir idénticas en el caso del “Tierra de Campeones”, desmienten que no sea posible disponer de una cancha adecuada para la práctica del fútbol profesional en Antofagasta.

Deportes Antofagasta juega 15 partidos como local en el torneo de Ascenso. A eso se agregan tres de la Copa Chile. Cuando sus cotejos son en pasto natural, entrenan una hora en la cancha del “Calvo y Bascuñán”. En ocasiones, no muchas, algún credo evangélico utiliza el campo de la avenida Angamos.
En rigor, se ocupa poco durante las 52 semanas del año. Pero luce mal, es pesada, siempre está dispareja, con el pasto largo. En el aniversario de la ciudad, el 14 de febrero, se utiliza para un festival que deja el terreno en paupérrimas condiciones. Entre dos y tres meses dura el arreglo, que nunca queda bien. No existe ninguna razón técnica para la reparación sea tan larga.
Ahí entramos al meollo del asunto del antiguo Regional, inaugurado bajo la presidencia de Jorge Alessandri Rodríguez, en el fervor que inundó el país luego del Mundial de 1962. La administración nunca fue profesional, el verde césped, como decía Ángel Labruna, jamás se cuidó como corresponde. Se contratan empresas de jardinería, que tratan los campos de juego como una tarea más, sin comprender que las canchas de fútbol requieren un cariño especial, casi artesanal. Ser canchero es un oficio, es una suma de conocimientos, transmitidos de generación en generación.
Esta semana, el concejo municipal de Antofagasta, aprobó la propuesta del alcalde Sacha Razmilic, que busca remodelar en estadio que entró en funciones en 1964. Lo central es el cambio de superficie: de pasto natural a sintético. El poco uso de la cancha no justifica una medida de tamaña radicalidad. Se argumenta el costo del agua, estar en el desierto y la salinidad, en un campo que se ubica a menos de trescientos metros de la playa.
Iquique, Calama y El Salvador, con condiciones parecidas, por no decir idénticas en el caso del “Tierra de Campeones”, desmienten que no sea posible disponer de una cancha adecuada para la práctica del fútbol profesional. Por el contrario, esos tres sitios suben la vara y son de las mejores canchas del país. Un verdadero lujo.
La autoridad edilicia se encandiló con el proyecto del “Claro Arena”, sin explorar la opción del pasto híbrido, la tendencia mundial. Se sostiene que es más caro. Desconocen que, en el largo plazo, con planificación, es más barato y su uso intensivo genera recursos. El Estadio Nacional y el “Elías Figueroa” de Valparaíso son una prueba. Es importante plantear que ante cualquier competencia de rango FIFA, con una cancha sintética, Antofagasta queda fuera de la ecuación casi de manera automática.
Están a tiempo de corregir un error histórico. No cuesta nada hablar con Francisco Zegers, quien instaló y mantiene los campos de Ñuñoa y Playa Ancha, para abrir el abanico. Escuchar y conversar nunca es malo, sobre todo cuando se trata de una especificidad tan grande como el cuidado de una cancha de fútbol profesional.
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