ColumnasRonald Valladares también es víctima
¿Puede la maquinaria del fútbol chileno convertir a un juvenil promisorio en un delincuente? No del todo, pero si ayudar mucho.
Por Juan Cristóbal Guarello · 2 min de lectura
La fuerte alza en el precio de las entradas para el estreno ante Audax Italiano volvió a poner a la concesionaria en el centro de las críticas de los hinchas. Una seguidilla de decisiones cuestionables en un directorio inadmisible.

Ser hincha de Universidad de Chile en los tiempos que corren es, a lo menos, complejo. A la profunda oscuridad detrás de los verdaderos controladores del club y la figura de Michael Clark vinculada a los delitos de estafa piramidal sin moverse de su puesto de presidente, ahora también se suma los valores decretados por Azul Azul para el estreno ante Audax Italiano. Alzas de cerca del 40% en dos años que impactan el bolsillo de los hinchas que más público llevaron durante el 2026.
Eso no es un dato menor. Comprar un boleto para ver el debut de Francisco Meneghini, será por el lejos el más costoso de todo el campeonato. Desde el CDA argumentan que los arriendos en el Estadio Nacional subieron de precio y que por ese motivo "tenemos que hacer ajustes en los cobros". A la larga los que pagan los platos rotos son los mismos. Pero el aumento de los tickets no va acompañado de una mejor experiencia estadio, es más todo lo contrario.
Un claro ejemplo de esto es la sanción para su estreno por el torneo local. Después de los groseros actos de vandalismo desatados en la última localía de 2025 ante Coquimbo Unido en Santa Laura, la U fue incapaz de reconocer a los verdaderos autores del lanzamiento de pirotécnia, proyectiles e instalación de pancartas en las rejas. El resultado fue el castigo generalizado de la ANFP para los 3.327 hinchas que estuvieron en la galería norte del recinto de Independencia.
Es por eso que la frase de que a Azul Azul sólo le importa el dinero cada vez tiene más sentido, algo que pareciera ser propio de un directorio que no tiene ningún tipo de identificación con el club, perdiendo sus valores año tras año. Otro reflejo más de eso fue la bullada salida de la Familia Schapira del club, pasando de ser uno de los principales opositores del gobierno de Michael Clark, a venderle casi directamente las acciones a José Ramón Correa, por estos días cada vez más identificado con el engranaje de Sartor, pese a que intenten ocultarlo de manera desesperada.
A la familia Schapira, por motivos que ellos algún día también podrían explicar, le importó mucho más su bolsillo personal a la estructura de un club que quedará bajo absoluto control del grupo liderado por Clark. Eso no es algo negativo, pero se contradice con su despedida, en la que aseguraron "le deseamos lo mejor al club" y "que pueda reencontrarse con la estabilidad, la grandeza y el proyecto que su historia merece". Los antiguos dueños del 21,44% de las acciones pasaron de eso a quitar las acciones legales sobre las empresas administradas por Sartor y compañía. El dinero siempre parece pesar más.
Pero el problema sacude más allá del directorio. Hace un par de semanas, y con el escándalo por la sanción de la CMF al presidente de Azul Azul uno de los referentes del plantel, capitán y jugador formado en casa le dio el respaldo a la actual directiva del club. Marcelo Díaz admitió que “Michael Clark ha sido una persona muy correcta con nosotros como jugadores” y añadió que “acá siempre se nos ha cumplido todo, nunca hemos tenido problemas”.
Llamativamente apenas un día después de esos dichos, Universidad de Chile oficializó la extensión del contrato de Díaz por una temporada más, anunciándolo con bombos y platillos a través de las redes sociales. La cercanía temporal entre ambos hechos reforzó la lectura de que la renovación del volante no solo tiene un peso deportivo, sino que también se inscribe como un brazo más de la actual dirigencia.
La conclusión es simple: los intereses del club siempre quedan en un segundo plano. La "U" cobra los abonos más caros de la temporada, las entredas a un 40% más elevadas que Colo Colo y nadie cuestiona nada. Los jugadores terminan siendo pantallas de protección de un presidente que brilla por su ausencia, centrando hoy su preocupación más en defensas ante los Tribunales que en el futuro del club. Universidad de Chile y un momento delicado en el que los que pierden son los reales hinchas y los que ganan siempre son los mismos.
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