Escribo esto el lunes 8 de septiembre pasadas las 10 de la mañana. El primer lunes del 2025 con el horario de verano. El maldito horario de verano al que hay que adaptarse a punta de bostezos. En menos de siete días debería jugarse la Supercopa que estaba programada, originalmente, para enero. Han pasado ocho meses y la directiva de la ANFP, y el resto de los actores hay que ser justos, no han podido realizar este simple partido de fútbol el que, candorosamente, abría la temporada.
Hacer coincidir un día, hora, ciudad, estadio, voluntad de los participantes, delegación presidencial, carabineros, alcaldes y las benditas, léase con tono irónico, barras de los clubes se transformó en una tarea imposible. Demente por momentos. Han sido tantos los problemas asociados a este duelo, que no suena irrazonable cancelarlo de una vez por todas.
Hay que parar la chacota. A duras penas, y suspendiendo dos partidos del torneo nacional – Colo Colo vs Iquique y Universidad de Chile vs La Serena- la ANFP con sacacorchos y sin mirar para el lado fijó la Supercopa para el domingo 14 de septiembre en el Estadio Santa Laura a las 16 horas. Para evitar el presumible ataque del Planeta de los Simios de ambas barras bravas, que tantos orgasmos provocan en tantos cientistas sociales, se redujo el aforo y se limitó a la venta de boletos a mayores de 55 años. Por lo menos los viejos, entre los que me incluyo, tienen menos energía, fuerza y resistencia para cagarse a puñaladas por un lienzo de mierda o el color de una camiseta.
Qué ingenuidad de la ANFP. Ya saltó el alcalde de Independencia, Agustín Iglesias, señalando que no está de acuerdo con que se haga el partido; La U amenaza con alinear juveniles porque el jueves deben enfrentar a Alianza Lima por la Sudamericana (¿Pusieron a Almirón de entrenador?); la opinión del delegado presidencial puede ser favorable o desfavorable según el día de la semana y la guinda de la torta la puso un abogado y abonado de Universidad de Chile, Juan Cristóbal Cantuarias, quien presentó un recurso de protección contra la ANFP por el límite de edad para la compra de entradas. Como fue declarado inadmisible, lo quiere llevar a la Suprema.
Pese a que le vuelan palos, amenazas y libelos judiciales por todos lados, la ANFP no se mueve de su sitio. No tiene margen. La Supercopa está en el contrato con TNT y hoy las relaciones con el canal de televisión están lo suficientemente dañadas como para sumar nuevos problemas y más deudas con ellos. Además, la recaudación, aunque sean puros viejos y con aforo limitado, va completa a Quilín. Y como la ANFP está en quiebra, todo suma.
¿Por qué ocurre todo esto? Por las barrasbravas y su impunidad total para actuar. Le salió caro a Colo Colo en la Libertadores, le salió caro a la U en la Sudamericana y está destruyendo sin freno el fútbol profesional. Pero todos miran para el lado, es mejor reprogramar, limosnear estadios, reducir aforos, poner recursos de protección, aumentar la edad y hasta rezar que atacar el problema de fondo. Un callejón sin salida.