Universidad de Chile sigue sin encontrar respuestas. En una noche que estaba marcada por el regreso de Fernando Gago al banco de suplentes luego del problema cardíaco que lo obligó a mantenerse alejado durante las últimas semanas, los azules volvieron a decepcionar y cayeron por 1-0 frente a Unión La Calera en el Estadio Nacional. Más que la derrota, volvió a preocupar la forma: un equipo sin identidad, sin fútbol y sin argumentos para imponerse a un rival que, pese a marchar último en la Liga de Primera, se ha transformado en su peor pesadilla.
El encuentro comenzó parejo, con mucha intensidad y pocas ocasiones de peligro. Universidad de Chile tuvo mayor iniciativa durante varios pasajes del primer tiempo, pero nunca logró traducir ese dominio territorial en oportunidades claras de gol. La circulación fue lenta, los delanteros casi no recibieron balones en ventaja y el equipo volvió a depender de centros y acciones aisladas para acercarse al arco rival.
La única llegada realmente peligrosa de los universitarios llegó a la media hora, cuando un centro desde la derecha encontró a Lucas Barrera, que no alcanzó a conectar frente al arco. Fue apenas un destello en una presentación nuevamente marcada por la falta de creatividad y de profundidad.
Todo se derrumbó apenas iniciado el complemento. A los 47 minutos, Francisco Pozzo aprovechó una desatención entre los defensores centrales de la U, quedó mano a mano con Gabriel Castellón y definió con tranquilidad para marcar el único gol del compromiso. Un golpe que terminó por desnudar todas las falencias de un equipo que nunca encontró la manera de reaccionar.
Fernando Gago intentó modificar el desarrollo con los ingresos de Vicente Ramírez, Elías Rojas, Marcelo Díaz y Andrés Bolaño, pero ninguno logró cambiar la historia. La U continuó jugando con lentitud, abusó de los envíos al área y jamás encontró la claridad necesaria para romper el orden defensivo de los cementeros, que administraron la ventaja con absoluta tranquilidad.
La derrota deja un dato que comienza a transformarse en una verdadera obsesión para los universitarios. En cinco enfrentamientos disputados durante 2026, considerando la Liga de Primera y la Copa Chile, Universidad de Chile todavía no sabe lo que es vencer a Unión La Calera. El registro es lapidario: tres derrotas y dos empates ante un equipo que ocupa el último lugar del campeonato nacional.
Más allá de la estadística, el rendimiento es lo que más inquieta. La U volvió a ser un conjunto sin personalidad, sin mecanismos ofensivos y con enormes dificultades para generar peligro. El regreso de Gago, que naturalmente estuvo marcado por la emoción tras superar un delicado problema de salud, no alcanzó para modificar una realidad futbolística que se arrastra desde hace varios meses y que parece agravarse partido tras partido.
El golpe también tiene consecuencias en la Copa Chile. Universidad de Chile quedó igualada con Unión La Calera con siete puntos tras cuatro jornadas, dejando completamente abierta la lucha por la clasificación a los octavos de final. Lo que parecía un grupo favorable ahora se transformó en una amenaza concreta para un equipo que sigue desperdiciando oportunidades.
La sensación que dejó la noche en Ñuñoa es inquietante. La U no solo perdió un partido ; volvió a transmitir la imagen de un equipo sin rumbo, incapaz de sostener una idea de juego y muy lejos del nivel que exige una institución de su tamaño. Si el segundo semestre pretendía ser el punto de partida para la recuperación, el estreno dejó exactamente la impresión contraria.
Hoy, más que nunca, Universidad de Chile está obligada a reaccionar. Porque las derrotas comienzan a acumularse, el funcionamiento sigue sin aparecer y la distancia entre las expectativas y la realidad futbolística del equipo parece hacerse cada vez más grande. El margen para seguir tropezando ya prácticamente no existe.