De nuevo el foco principal para erradicar los hechos de violencia recae aparentemente en la “responsabilidad” del Estadio. Más rejas, más cámaras, más guardias, más de todo para combatir a un grupúsculo de incivilizados. El Gobierno junto con Carabineros iniciaron el proceso de recalificación de seguridad de 19 recintos en todo el país, en el marco de la implementación de la nueva Ley de Seguridad Privada, que introducirá más exigencias para los partidos de fútbol profesional.
Pero no sólo eso, Carabineros deberá aplicar una ‘matriz de riesgos’ a los recintos deportivos, considerando factores como aforo, historial de incidentes, entorno urbano y complejidad operativa. Denominaciones atemorizantes para una mole de cemento inerte cuya misión es precisamente recibir a los verdaderos creadores y gestores de la violencia, seres humanos ególatras que viven por y para ellos y que son incapaces de respetar leyes o normas establecidas.
¿Por qué el foco de la autoridad se centra siempre en complejizar un estadio?
Mirado desde afuera y basado simplemente en los testimonios de aquellos hinchas (la gran mayoría) que tuvieron que escapar el viernes pasado del Nacional, el problema no es el recinto, fueron el centenar (siendo generoso) de delincuentes que de manera anticipada ya habían anunciado que provocarían desmanes, y lo hicieron.
Más tarde el club organizador con mucha decisión apuntó que tenía cuatro individuos identificados, gracias al sistema biométrico, que luego aumentó a siete. Siete. Sin duda que fueron más, pero no muchos más tampoco.
El informe Taylor presentado en 1990 en Inglaterra para terminar con los actos violentos y la indisciplina de los Hooligans, ya que siempre se menciona como un ejemplo a seguir, si bien apuntó en una modernización de los estadios, con la instalación de asientos numerados, eliminación de vallas y área de pie, puso su énfasis en penas judiciales severas y prohibiciones de entrada a estadios por años y hasta de por vida. (Football Banning Orders).
Se crearon unidades policiales especiales, incluyendo agentes infiltrados para identificar a los vándalos, no un grupo de "guardias" o personas de edad avanzada, con poca preparación y sin ningún mecanismo de defensa ante alguna agresión de vándalos.
El proceso en Inglaterra tuvo plazos determinados para su implementación y ejecución, una década.
Hoy con estas medidas anunciadas parece que nuevamente se parte de cero, tras un fracaso y poco efectivo Plan Estadio Seguro, tendremos que volver a experimentar si estas medidas conducirán a lo que hemos pregonado por casi 26 años, que es erradicar la violencia al interior de los estadios, si tomamos como ejemplo el caso de la imagen de ataque con arma blanca del “Barti” y el “Huinca” por el control del poder de la Garra Blanca el año 2000.
Los estadios en Chile no son los responsables de los actos violentos, no son un factor, sino una consecuencia involucrada por el actuar de terceros. Tal vez si los únicos recintos que pueden ser cuestionados pero por su falta de modernización con respecto a la gran mayoría de los estadios de Primera, sean Santa Laura, La Cisterna y el Cobre de El Salvador.
Pero todos sabemos que la principal acción para erradicar la violencia no parte por blindar o convertir en búnker a un estadio.