"Será un buen partido para ver cómo estamos previo a la competencia oficial” dijo Francisco Meneghini en la previa del choque ante Universitario. Y si nos basaramos en ese compromiso amistoso por la "Noche Crema" la verdad es qeu la Universidad de Chile tiene muchas cosas por qué preocuparse. El 3-0 en contra fue contundente, incluso quedándose corto en la distancia que hubo entre los dos equipos en el Monumental de Lima.
Los errores de Paqui se anticipaban desde que el estratega entrego el once oficial. Cómo articular la ofensiva con Eduardo Vargas, Octavio Rivero, Javier Altamirano y Lucas Assadi era una de las grandes dudas que quedaban en el dibujo, algo que rápidamente se aclaró con el pitazo inicial: Vargas a la banda izquierda y Altamirano por la derecha. Dos jugadores que, claramente, no siente propia esa ubicación en la cancha.
Lo de Altamirano fue llamativo, además de por su bajo rendimiento, por lo inusual de verlo relegado a la orilla y no centralizado, como lo conocimos mayoritariamente en Huachipato. El resultado de ese experimiento fue nefasto. El ex Estudiantes, comprado por 1.2 millones de dólares la temporada anterior, estuvo lejos de ser factor durante los 90 y un error grosero suyo fue clave para el 1-0 cerrando la primera etapa.
Vargas, por otro lado, confirmó lo que se temía: a sus 36 años su función en la cancha debería estar más ligada a la finalización de jugadas que al correteo permanente por la franja, en una batalla que, lógicamente, perdió muchísimo más de lo que ganó con Andy Polo por ese sector. En labores defensivas poca ayuda y en ataque el amplio recorrido que tuvo que hacer transformó su partido en poco más que intervenciones esporádicas.
Fabián Hormazábal y Felipe Salomoni fueron los nombres que más sufrieron con este invento de Meneghini. Expuestos, sin apoyos defensivos de dos jugadores que no sienten el marcaje como propio, el partido de ambos laterales fue paupérrimo. Quizás por eso que el entrenador modificó el equipo para la segunda mitad estableciendo un 3-5-2 con Guerrero y Lucero jugando como los hombres más adelantados, pero ya era demasiado tarde.
Es verdad que es sólo un partido amistoso, aunque las alertas son poderosas. Juan Martín Lucero, Octavio Rivero y Edurdo Vargas no pueden jugar juntos en el esquema 4-3-2-1 que pregonó Paqui durante largos pasajes de su carrera. El deté tendrá que tomar decisiones en un equipo que sufrió el primer revés del año una semana antes de que arranque el campeonato.