Cuando Manuel Mayo defendió el fichaje de Lucas Romero, el mensaje fue claro: venía a cubrir una carencia específica del plantel. “Es un jugador que veníamos siguiendo hace un tiempo, con características que no teníamos en el plantel. Es joven, pero ya tiene experiencia en su selección y creemos que nos va a ayudar mucho”, aseguró el gerente deportivo, instalando altas expectativas sobre su impacto inmediato.
Sin embargo, el inicio de la temporada 2026 ha mostrado un escenario completamente distinto. Romero apenas registra 4 partidos y 195 minutos en cancha, sin goles ni asistencias, y terminó quedando fuera de la citación para el Clásico Universitario. Un presente que lo instala, de momento, como una pieza completamente prescindible dentro del equipo.
Pero el verdadero problema no es solo Romero. Su caso se suma a una seguidilla de apuestas fallidas en el mediocampo que evidencian una dificultad estructural de Universidad de Chile para acertar en ese sector con refuerzos extranjeros.
El primer antecedente es el de Gonzalo Montes. El uruguayo llegó en 2025 desde Huachipato a cambio de cerca de 700 mil dólares como una apuesta importante para la zona media. Sin embargo, su paso fue breve y poco influyente: disputó 21 partidos, pero apenas acumuló 658 minutos en cancha durante un semestre. Nunca logró consolidarse y terminó saliendo a préstamo a Montevideo City Torque, cerrando anticipadamente su etapa en el club.
Para reemplazarlo, la dirigencia volvió a insistir en el mercado extranjero con la llegada de Sebastián Rodríguez. Pero el resultado fue similar o incluso más bajo en términos de impacto. El volante apenas alcanzó a disputar 9 partidos antes de perder espacio, sin lograr convertirse en una solución real para el equipo.
Así, en un período muy corto, Universidad de Chile encadena tres nombres consecutivos —Montes, Rodríguez y ahora Romero— que no lograron responder a las expectativas ni consolidarse en el mediocampo. Tres apuestas, tres diagnósticos fallidos y un mismo resultado: la incapacidad de encontrar respuestas en una zona clave del equipo.
El problema, entonces, deja de ser individual y pasa a ser estructural. Porque más allá de los nombres, lo que queda en evidencia es una lectura equivocada del mercado y de las necesidades del plantel. Y en un equipo que ha buscado estabilidad durante años, la reiteración de errores en una misma posición termina siendo mucho más costosa que un fichaje fallido: se transforma en una señal clara de que el proyecto deportivo, al menos en esa zona, aún no logra encontrar rumbo.