En el mismo período de análisis —el año calendario 2025—, la delantera que tuvo Universidad de Chile (Contreras, Di Yorio y Leandro Fernández) sumó 34 goles, mientras que los tres refuerzos ofensivos que llegaron para 2026 (Vargas, Rivero y Lucero) anotaron 32 tantos en sus respectivos clubes.

Universidad de Chile apostó fuerte por renovar su frente ofensivo para la temporada 2026. Sin embargo, más allá del impacto de los nombres y las trayectorias, la comparación más directa y objetiva se da en el terreno de los números: qué hicieron unos y otros durante el mismo período de referencia, el año 2025.
En ese marco, la delantera que tuvo la U en 2025, compuesta por Rodrigo Contreras, Lucas Di Yorio y Leandro Fernández, acumuló un total de 34 goles. Contreras aportó 10 tantos, Leandro Fernández otros 10, mientras que Di Yorio cerró con 14 goles, descontando su breve paso por Athletico Paranaense, donde marcó cuatro en seis partidos.
En paralelo, los tres delanteros que llegarán para 2026 —Eduardo Vargas, Octavio Rivero y Juan Martín Lucero— registraron una producción muy similar durante ese mismo año calendario: 32 goles en total. Rivero fue el más efectivo del tridente, con 14 tantos, Lucero sumó 11 y Vargas cerró con 7.
La comparación deja un dato concreto: el ataque que deja la U marcó más goles que el que llega, aunque por una diferencia mínima. El tridente 2025 promedió 11,3 goles por jugador, mientras que el trío entrante quedó en 10,6.
Donde sí aparecen diferencias más marcadas es en los contextos. Contreras, Di Yorio y Fernández jugaron gran parte del año en el fútbol chileno, con competencias locales como eje central. En cambio, Vargas, Rivero y Lucero repartieron su producción entre ligas de mayor exposición regional —Brasil, Ecuador y torneos CONMEBOL—, lo que agrega un matiz distinto a la lectura de sus cifras.
El cambio de nombres, entonces, no implica un salto automático en volumen goleador. La U no está fichando a un tridente que haya producido significativamente más en términos brutos, sino a uno que llega con recorrido internacional, experiencias en contextos de mayor presión competitiva y distintos perfiles de juego.
En ese escenario, la verdadera incógnita no pasa por cuántos goles hicieron en 2025, sino por cómo se adaptarán al fútbol chileno, qué tan rápido se integrarán al sistema del equipo y si esa producción puede sostenerse —o mejorar— en el nuevo entorno.