El problema de Universidad de Chile con Francisco Meneghini ya no se reduce al rendimiento dentro de la cancha. La preocupación se trasladó a un plano mucho más complejo: el contractual. Lo que en diciembre fue presentado como una señal de estabilidad, hoy comienza a evidenciarse como un error de planificación que puede tener consecuencias deportivas y económicas.
Según detalla La Tercera, el entrenador argentino y su cuerpo técnico perciben un salario que bordea los 600 mil dólares anuales, una cifra relevante dentro del mercado chileno y que posiciona su contrato entre los más altos del club en los últimos años. No se trata solo de una apuesta deportiva, sino de una inversión importante para una institución que venía arrastrando inestabilidad en la banca.
Sin embargo, el punto más cuestionado no es únicamente el monto, sino la duración del vínculo. Meneghini firmó por dos temporadas completas, una decisión que, en su momento, ya generaba dudas considerando su trayectoria. Más allá de su paso por O’Higgins, el técnico no contaba con experiencia en clubes grandes ni con resultados que respaldaran una apuesta de largo plazo en un contexto tan exigente como el de la U.
Ese desajuste entre expectativa y respaldo es lo que hoy queda expuesto. La dirigencia optó por anticiparse al éxito en lugar de reaccionar a él, entregando condiciones contractuales propias de un entrenador consolidado a un perfil que aún estaba en etapa de validación. En términos prácticos, la U se autoimpuso un margen de error mucho más estrecho.
El escenario se vuelve aún más delicado cuando se analiza la rigidez del contrato. Con un vínculo extendido y un costo elevado, cualquier decisión de poner fin anticipado al proceso implica una carga económica significativa. No es solo cambiar de entrenador: es asumir indemnizaciones o negociar salidas complejas, en un club que no está en posición de seguir acumulando errores financieros.
En ese contexto, el contrato de Meneghini deja de ser un detalle administrativo y se transforma en un factor central de la crisis. La U no solo apostó por un técnico poco consolidado, sino que lo hizo comprometiendo recursos y tiempo en una magnitud que hoy condiciona todas sus decisiones.
Porque en clubes grandes, equivocarse en el entrenador es parte del juego. Pero equivocarse en cómo se le contrata es lo que termina marcando la diferencia entre una corrección a tiempo y un problema estructural.