Universidad de Chile evitó una nueva derrota ante Unión La Calera, pero difícilmente podrá marcharse conforme del estadio Nicolás Chahuán. Los azules rescataron un empate 3-3 gracias a una notable reacción en los minutos finales, aunque durante gran parte del encuentro volvieron a exhibir los mismos problemas que han marcado una temporada llena de frustraciones.
La historia comenzó de manera ideal para el cuadro universitario. A los seis minutos Agustín Arce abrió la cuenta tras una buena combinación con Maximiliano Guerrero y parecía encaminar una noche tranquila para los dirigidos por Fabricio Coloccini.
Sin embargo, la tranquilidad duró poco. Como ha ocurrido tantas veces durante el año, la U comenzó a cometer errores defensivos que terminaron cambiando completamente el desarrollo del encuentro. Joaquín Soto encontró el empate para los cementeros tras una pérdida en la salida azul y, antes del descanso, Matías Campos López aprovechó nuevas descoordinaciones defensivas para establecer el 2-1.
Lo peor estaba por venir. Apenas iniciado el segundo tiempo apareció la jugada que resumió todas las dudas universitarias. Nicolás Fernández entregó un balón comprometido hacia el centro de la defensa, Nicolás Ramírez no logró reaccionar y Sebastián Sáez capitalizó el regalo para anotar el 3-1.
A esa altura parecía que la historia estaba escrita. La Calera volvía a someter a la U tal como lo había hecho en los tres enfrentamientos anteriores de la temporada. Los cementeros dominaban emocionalmente el partido y los azules mostraban escasas herramientas futbolísticas para reaccionar.
La actuación de Nicolás Fernández volvió a transformarse en uno de los focos de cuestionamiento. El lateral quedó directamente involucrado en acciones determinantes y nuevamente dejó la sensación de no estar a la altura de las exigencias que supone defender la camiseta azul. Lo suyo ya no parece un accidente aislado, sino parte de una preocupante tendencia.
En ataque tampoco aparecían respuestas. Juan Martín Lucero volvió a ofrecer una actuación discreta, alejada del protagonismo que se espera de un delantero contratado para ser figura. El atacante prácticamente no pesó en el desarrollo ofensivo del equipo y nuevamente terminó el partido sin goles, alimentando las dudas respecto de una contratación que sigue sin entregar los resultados esperados.
Cuando todo parecía perdido apareció Ignacio Vásquez. El joven delantero descontó a los 74 minutos y devolvió algo de esperanza a los universitarios. La U adelantó líneas, empujó más por convicción que por fútbol y encontró premio cuando el partido se acercaba al final. A los 85 minutos, nuevamente Vásquez apareció para marcar el 3-3 y desatar el festejo azul.
El empate evita una nueva derrota frente a La Calera y permite a la U rescatar un punto desde una situación extremadamente compleja. Sin embargo, el resultado no alcanza para ocultar lo ocurrido durante más de 80 minutos. Los errores defensivos siguen siendo alarmantes, el funcionamiento colectivo continúa mostrando enormes vacíos y varios futbolistas vuelven a quedar en deuda.
Porque si bien la remontada merece reconocimiento, también es cierto que Universidad de Chile necesitó una reacción in extremi para corregir problemas que ella misma generó. Y esa sigue siendo la principal preocupación de un equipo que, cada vez que enfrenta a La Calera, vuelve a quedar frente al espejo de todas sus carencias.