La Asociación Nacional de Fútbol Profesional anunció que el Registro Nacional de Hinchas superó el millón de inscritos y ya se ha aplicado en casi dos centenares de eventos a lo largo del país. Un avance que, en el papel, muestra un salto importante en control de accesos, trazabilidad y detección temprana de riesgos. Sin embargo, la foto completa es menos optimista: el sistema funciona, sí, pero todavía depende casi exclusivamente del impulso institucional y no del involucramiento activo de los clubes.
La fase biométrica ya opera en algunos encuentros y ciertos equipos han comenzado a integrarlo, pero el número sigue siendo bajo para un fútbol profesional que mueve masas todos los fines de semana. La mayoría de los clubes aún no adapta sus recintos, no capacita adecuadamente al personal de acceso y mantiene protocolos internos que distan mucho de los estándares mínimos que el propio registro espera.
La efectividad del sistema, por lo tanto, no se puede medir solo en cuántos hinchas se inscriben, sino en cuántos estadios realmente están preparados para recibirlos bajo estas nuevas reglas. Sin inversión en accesos, sin personal entrenado y sin sanciones claras para quienes incumplan, el RNH corre el riesgo de transformarse en una herramienta subutilizada, sólida en las cifras pero débil en su aplicación real.
Hoy, mientras el registro crece y se instala como política permanente, la gran tarea pendiente es que los clubes asuman que la seguridad no se delega: se construye. Y en esa construcción, su compromiso sigue siendo el eslabón más frágil.