La pretemporada 2026 comenzó con decisiones claras en el Centro Deportivo Azul. Francisco Meneghini definió, en el papel, los primeros jugadores que no serán considerados y dejó en evidencia que el proceso partirá sin concesiones. Entre esos nombres aparece Sebastián “Bigote” Rodríguez, cuya salida es prácticamente inminente y marca el inicio de una depuración profunda del plantel. Esto, apenas seis meses después de su arribo al país.
El volante uruguayo tuvo un paso casi testimonial por Universidad de Chile. En total disputó 9 partidos oficiales, acumulando apenas 363 minutos, sin goles ni asistencias. En Liga de Primera jugó 6 encuentros (238 minutos), en CONMEBOL Sudamericana 2 partidos (113 minutos) y en la Supercopa de Chile sumó solo 12 minutos. Para un extranjero llamado a dar equilibrio y experiencia, el retorno fue prácticamente nulo.
La salida de Rodríguez no es una excepción, sino la confirmación de un patrón que se repite desde el mercado de verano de 2022, coincidente con la gestión de Michael Clark. Desde entonces, la U ha incorporado extranjeros que, con distintos grados de participación, no lograron justificar su lugar ni elevar el estándar competitivo del equipo.
El primer caso de esa seguidilla fue el central boliviano José María Carrasco, quien en 2022 disputó 9 partidos y 804 minutos, todos en Liga de Primera, cuajando actuaciones lejos de estar en un segmento destacado. Nunca se consolidó como titular y rápidamente quedó fuera de la planificación, ocupando un cupo de extranjero sin retorno deportivo. Junto a él llegó de Ecuador el arquero Hernán Galíndez, que luego de un semestre y 14 partidos jugados fue a préstamo al Aucas.
Luego apareció Emmanuel Ojeda, quien tuvo mayor continuidad, pero sin transformarse en un jugador determinante. Entre mediados de 2022 y mediados de 2024 sumó 69 partidos y 5.048 minutos, con 2 goles y 4 asistencias. Fue una pieza funcional, pero su influencia fue decreciente y terminó saliendo del club sin convertirse en eje. Con la llegada de Gustavo Álvarez perdió protagonismo y fue desechado por el club. En este mercado de fichajes, y con su compra definitiva, al menos le dejó algo de ganancias a la caja de Azul Azul.
Otro ejemplo es Fabricio Formiliano, que entre 2024 y parte de 2025, luego de ser solicitado por el entrenador en medio del campeonato, apenas acumuló 12 partidos y 712 minutos. Nunca se afirmó como central titular y a mediados de 2025 partió a préstamo a Unión Española, cerrando otro ciclo sin impacto competitivo.
En ofensiva el caso de Luciano Pons también destaca. La U desembolsó casi 500.000 dólares y, a pesar de que tuvo más oportunidades, sus cifras fueron discretas. En 2024 jugó 27 partidos y 911 minutos, con 4 goles y 0 asistencias, registros bajos para un delantero extranjero en un equipo con problemas crónicos de gol. Jugó, sí, pero no cambió la historia del ataque azul. También fue vendido al Bucaramanga luego de consagrarse como una de las figuras del fútbol colombiano en 2025.
El más reciente y curioso fue el caso de Gonzalo Montes, otro extranjero que terminó saliendo antes de tiempo. Fue solicitado explícitamente por Gustavo Álvarez, que lo conococía de su etapa en Huachipato. Pese a venir con una mala temporada en 2024, el entrenador confió en que le podía encontrar el trote perdido. En su semestre con la U acumuló 21 partidos y 658 minutos, sin consolidarse como titular ni sostener regularidad, y terminó marchándose a préstamo a Montevideo City Torque. El dato de fondo es el que más golpea a la gestión: la U pagó US$ 660 mil por su fichaje y el retorno deportivo fue mínimo para esa inversión.
Así, la casi segura salida de Sebastián Rodríguez no es solo una determinación puntual de Meneghini. Es la consecuencia lógica de una política que, desde 2022, ha acumulado extranjeros con poco impacto medible: minutos escasos, incidencia baja y salidas anticipadas. La U intenta hoy corregir el rumbo, pero los números dejan claro que el costo de estos errores ya se pagó en cancha.