El duelo entre Palestino y Universidad de Chile por la fecha 3 del campenato, pautado para el viernes 13 de febrero en el estadio Municipal de La Cisterna, será sin la presencia de hinchas azules en las tribunas visitantes, con un aforo definido de apenas 3 667 espectadores en total. Esta medida fue dada a conocer por Emisora Bullanguera, que describe la situación como “un nuevo golpe al pueblo azul” tras semanas de tensión en torno al club y su hinchada.
Lejos de ser una sorpresa aislada, esta determinación se enmarca en un contexto de reiteradas sanciones y episodios de violencia protagonizados por sectores de la barra de la U. En el debut del Campeonato Nacional 2026 ante Audax Italiano en el Estadio Nacional, una fuerte sanción impidió la entrada a más de 3 300 hinchas —incluidos abonados— por hechos ocurridos la temporada anterior, lo que tensionó aún más el ambiente y derivó en incidentes y amenazas por parte de la barra.
En ese sentido —y pese a las protestas de grupos radicales— es completamente comprensible que se juegue sin público visitante: tras años de repetidos episodios de violencia, falta de control interno de la propia hinchada y una dirigencia que no ha logrado hacerse cargo de estos problemas de raíz, la suspensión de la presencia azul en La Cisterna no sólo responde a criterios de seguridad, sino también a la necesidad de preservar la integridad del espectáculo, de los jugadores y del resto de los asistentes.
En este contexto, catalogar al público de la U como “no grato” en determinadas sedes no es una exageración, sino la consecuencia lógica de un historial que ha superado ampliamente los márgenes de tolerancia del fútbol profesional chileno. El problema es que el torneo chileno se seguirá jugando con poca gente en las tribunas.