La preocupación en Universidad de Chile por el estado físico de Octavio Rivero ya dejó de ser un episodio puntual. Según pudo conocer Emisora Bullanguera, el delantero entrenó diferenciado en la última jornada, encendiendo nuevamente las alarmas en el CDA en pleno arranque del campeonato.
El contexto no es menor. Rivero ya había dado señales preocupantes: jugó a media máquina ante Audax Italiano y posteriormente ni siquiera pudo ser considerado frente a Huachipato. A eso se suma que tampoco estuvo disponible para la fecha 3 ante Palestino, configurando un inicio marcado por la irregularidad física.
Pero el verdadero problema va más allá del presente inmediato. El historial reciente del uruguayo instala una interrogante de fondo sobre su fichaje. A fines de 2022, cuando defendía a Unión Española, sufrió la rotura del ligamento cruzado, una de las lesiones más complejas en el fútbol. Las consecuencias fueron evidentes: pasó gran parte de 2023 fuera de competencia, con una presencia casi testimonial que se tradujo en apenas 15 partidos y 914 minutos en un año calendario.
Lejos de quedar atrás, los problemas físicos volvieron a aparecer en su paso por Barcelona de Guayaquil en 2025. Ahí, Rivero se perdió ocho partidos por lesión, seis de ellos de manera consecutiva, en un nuevo periodo donde la falta de continuidad fue protagonista.
El patrón es claro: una lesión grave, largos periodos de inactividad y dificultades para sostener regularidad en el tiempo. Un escenario que hoy se replica en su arribo a Universidad de Chile, donde en apenas tres fechas ya suma ausencias y trabajos diferenciados.
En ese contexto, la pregunta es inevitable: ¿cuánto riesgo asumió la U al apostar por Rivero? Más allá de su capacidad goleadora y experiencia, los antecedentes recientes muestran a un jugador condicionado físicamente, cuya disponibilidad —clave en un torneo largo y exigente— está lejos de estar garantizada.
Por ahora, en el CDA monitorean su evolución, pero el ruido ya está instalado. Porque más que una molestia puntual, lo de Rivero empieza a parecer una constante.