El panorama de Octavio Rivero en Universidad de Chile está lejos de aclararse. Cuando todo apuntaba a una intervención quirúrgica inminente, una nueva revisión médica terminó por frenar la operación, dejando al delantero sin plazos concretos de recuperación ni retorno al equipo.
El atacante arrastra una compleja lesión en la rodilla, diagnosticada como una sinovitis provocada por un daño osteocondral, una afección que compromete tanto el cartílago como el hueso y que le ha impedido tener continuidad desde su llegada al club.
La situación no es menor: Rivero apenas ha podido sumar minutos en la temporada y su problema físico se ha transformado en uno de los principales dolores de cabeza para el plantel azul. La operación aparecía como la solución definitiva, de hecho tenía cerrada la cirugía para el 13 de marzo, pero la decisión de postergarla abre un nuevo escenario de incertidumbre en el CDA.
Hoy, el delantero no solo está descartado en el corto plazo, sino que tampoco existe una fecha definida para su intervención, lo que automáticamente deja en suspenso cualquier cálculo de regreso. Según Emisora Bullanguera, la rodilla sigue inflamada en un escenario que inquieta en Azul Azul, donde incluso ya se proyectaba una baja de seis meses desde su paso por el quirófano.
Así, el caso de Rivero se transforma en un símbolo del complejo presente físico de la U: una lesión que no cede, una operación que no se concreta y un refuerzo que, por ahora, sigue sin poder ser solución dentro de la cancha.