O’Higgins regresará a la Copa Libertadores en 2026 tras once años de ausencia, pero el armado de su plantel contrasta con el nivel de exigencia que impondrá el escenario internacional. El cuadro celeste ingresará en la Fase 2 del repechaje, donde enfrentará en febrero a Bahía de Brasil en una serie de ida y vuelta, ante un rival de mayor presupuesto, ritmo competitivo y profundidad de plantel. En ese contexto, el mercado de fichajes deja más dudas que certezas.
Entre los refuerzos aparece Leandro Díaz, lateral izquierdo que llega desde Huachipato tras ser campeón de la Copa Chile 2025. Sin embargo, los números muestran que no fue un titular indiscutido. En la temporada pasada disputó 18 partidos oficiales, sumando 1.346 minutos, con apenas dos asistencias y sin goles. En el torneo local jugó 16 encuentros, mientras que en Copa Chile solo estuvo presente en dos partidos. Su incorporación parece responder más a una necesidad de recambio que a una mejora sustancial en un puesto clave.
Otro de los nombres es Miguel Brizuela, defensor central argentino proveniente de Atlético Tucumán. A diferencia de otros refuerzos, sus estadísticas reflejan continuidad y regularidad. En 2025 disputó 34 partidos oficiales, acumulando 2.465 minutos y tres goles, siendo titular habitual en la Liga Profesional Argentina. Su llegada es, en términos numéricos, una de las apuestas más sólidas del mercado, aunque su carrera quedó marcada por un episodio personal en 2020 que impactó fuertemente su proyección y que añade un factor de riesgo en un contexto de alta presión deportiva.
El caso de Benjamín Rojas refuerza la sensación de un mercado más orientado a apuestas que a certezas. El lateral derecho chileno de 24 años retorna al fútbol nacional tras un recorrido irregular en el extranjero. Durante el primer semestre de 2025 apenas disputó cuatro partidos en la Cuarta División de Polonia con Pogon Szczecin II. Posteriormente recaló en el Académico Viseu, donde en la temporada 2025/26 solo alcanzó a jugar seis encuentros entre la Segunda División de Portugal y la Copa de Portugal. La falta de continuidad competitiva es un dato que no pasa inadvertido de cara a una Libertadores.
En el arco, O’Higgins incorporó a Jorge Peña, quien llega desde Unión La Calera para competir el puesto de titular con Omar Carabalí. Peña fue titular durante toda la temporada 2025, disputando 38 partidos oficiales y sumando 3.420 minutos. Registró 11 porterías en cero y recibió 49 goles, números que lo posicionan como una alternativa confiable, aunque sin estadísticas que lo ubiquen entre los arqueros más determinantes del torneo.
El análisis del mercado se vuelve más crítico al contrastarlo con las salidas. O’Higgins perdió a su entrenador Francisco Meneghini, quien partió a Universidad de Chile, y también a piezas ofensivas clave. Maximiliano Romero, autor de siete goles en apenas 13 partidos durante 2025, dejará el club para continuar su carrera en Colo Colo, mientras que Moisés González también salió del plantel. Son bajas que reducen peso específico, gol y experiencia en un año donde el margen de error será mínimo.
El nuevo proyecto estará encabezado por Lucas Bovaglio, ex Palestino, quien asumirá un plantel en reconstrucción justo cuando el calendario exige todo lo contrario. Libertadores, torneo local y un repechaje ante un rival brasileño configuran un escenario de máxima dificultad.
Con números sobre la mesa, el mercado de O’Higgins no exhibe refuerzos de impacto continental ni un salto claro de jerarquía. Hay continuidad en algunos casos, apuestas en otros y una evidente pérdida de peso ofensivo. Volver a la Libertadores es un logro institucional, pero competir en ella exige algo más que presencia. Y, por ahora, los datos no respaldan que este plantel esté preparado para ese desafío.