La historia de Michael Clark en Universidad de Chile es, ante todo, la de una toma de control silenciosa, meticulosamente diseñada y aún inacabada. Cuatro años después de asumir como presidente de Azul Azul el 1 de octubre de 2021 —la concesionaria que administra al club—, el ingeniero comercial formado en la Pontificia Universidad Católica y con posgrado en California mantiene un poder consolidado en los hechos, aunque cuestionado en los papeles.
Su arribo se dio tras la salida de Carlos Heller y el desgaste financiero que dejó su gestión. Desde el primer momento, Clark se presentó como un rostro nuevo: un ejecutivo del mundo financiero, sin pasado en la dirigencia deportiva, que ofrecía una mirada moderna y profesional para ordenar las cuentas. Sin embargo, su desembarco vino rodeado de sombras. Nadie logró determinar con precisión quiénes eran los inversionistas detrás de la operación que le permitió hacerse con el control de Azul Azul a través del Fondo de Inversión Privado Tactical Sports, ligado al grupo Sartor.
El movimiento fue ingenioso, pero polémico. En lugar de comprar directamente las acciones, Clark adquirió las cuotas del fondo que las controlaba, evitando temporalmente la obligación de lanzar una Oferta Pública de Adquisición (OPA), como exige la ley chilena cuando alguien toma el control de una sociedad anónima abierta. Ese mecanismo le dio el mando de facto del 63,5% de la propiedad, pero también atrajo la atención de la Comisión para el Mercado Financiero (CMF), que comenzó a fiscalizar la operación.
Durante estos años, el empresario ha intentado legitimar su posición. En 2025 lanzó una OPA a través de su sociedad Bulla SpA para “normalizar” el control y reemplazar al vehículo financiero cuestionado. La jugada fue un fracaso: apenas el 0,01% de los accionistas aceptó la oferta, y el principal bloque opositor —liderado por Daniel Schapira— bloqueó el proceso con acciones legales. El episodio selló una fractura institucional que se mantiene hasta hoy: Clark gobierna con una mayoría mínima de seis votos contra cinco en el directorio, una fragilidad que expone los límites de su autoridad formal.
Vamos a la cancha, porque los resultados son igual de dispares que su vida fuera de la cancha. En 2022 la U volvió a luchar por el descenso y quedó a 3 puntos de la zona roja con una campaña horrible comandada por Santiago Escobar, Diego López y los interinatos de Sebastián Miranda. Al año siguiente con Mauricio Pellegrino la primera rueda ilusionó con un regreso a los primeros planos, pero la segunda mitad del año fue un desastre que dejó a los universitarios fuera de los puestos de copas internacionales.
Pese a ese escenario, el timonel azul logró sobrevivir políticamente. Con el paso del tiempo, los resultados deportivos y una estrategia comunicacional más cercana al hincha han mejorado su imagen. El equipo peleó en la parte alta del torneo 2024, donde terminó perdiendo el título ante Colo Colo. Su figura, antes rechazada en las tribunas, hoy recibe aplausos. “Estamos trabajando en silencio, con la boca cerrada”, dijo hace unos meses al referirse al anhelo histórico del estadio propio, en un tono que mezcla cautela empresarial y discurso populista. Durante esta semana se refirió a la prensa como "hinchas de Colo Colo", con un tono canchero y fuera de todo contexto anterior.
Pero el éxito parcial no disipa las dudas. Para la CMF, la operación inicial sigue bajo observación; para los accionistas disidentes, su legitimidad sigue siendo incompleta. Cuatro años después, Michael Clark es el presidente que mejor representa la dualidad de la era moderna de la “U”: un club que busca estabilidad institucional y éxitos deportivos, pero que aún arrastra las sombras de su control corporativo.
En el balance, su historia combina logros visibles y desafíos estructurales. Clark trajo orden financiero y resultados deportivos que apaciguaron la crisis de imagen, pero su presidencia continúa marcada por un origen difuso y un poder que se sostiene más en la práctica que en la legalidad definitiva. En octubre de 2025, el hombre que llegó desde las finanzas cumple cuatro años al mando del club . Y aunque los triunfos en la cancha lo blindan, las preguntas sobre quién controla realmente a la Universidad de Chile siguen sin respuesta.