Michael Clark ya no guarda silencio. Lejos del dirigente hermético y discreto que evitaba declaraciones, el presidente de Azul Azul atraviesa una etapa más frontal, con la moral a tope. Esta semana volvió a evidenciarlo al cargar contra lo que llamó “rumores de gente colocolina que dicen ser de otros clubes”, en respuesta a las versiones que vinculan a Gustavo Álvarez con la selección peruana.
El dirigente, habitualmente escondido, elige hoy la confrontación directa. Sus palabras apuntaron no solo a los orígenes de las especulaciones, sino también a ciertos periodistas que, según él, actúan con doble discurso. “Cuando a la U le va bien, aparecen versiones que vienen de gente que no es de la U, que para qué decirlo, es colocolina”, lanzó, en una frase que agitó el ambiente mediático y marcó una nueva postura de liderazgo en la concesionaria.
El tono desafiante de Clark no es casual. En los últimos meses, el empresario ha debido enfrentar críticas por su bajo perfil, las decisiones deportivas de Azul Azul y la constante presión por devolver a Universidad de Chile a la pelea por títulos. El cambio de actitud parece responder a una necesidad de reafirmar control interno y proyectar autoridad en un entorno donde la figura del presidente había sido considerada distante e incluso ausente.
El veranito de San Juan tiene a Clark con un nuevo perfil. Incluso hay hinchas que le piden fotos en el estadio, olvidándose toda el agua que corre bajo el puente incluido el Caso Sartor que lo sigue teniendo contra las cuerdas. Por ahora el timonel de Azul Azul cancherea.