La Universidad de Chile no solo enfrenta un inicio irregular en la cancha, sino también una evidente disonancia en su conducción. En medio del reclamo formal de Michael Clark y Manuel Mayo ante la ANFP por los arbitrajes, Francisco Meneghini tomó otro camino: no culpar a los jueces.
El técnico azul, lejos de alinearse con la ofensiva dirigencial, optó por un discurso más contenido y centrado en el rendimiento propio. “Tenemos que mejorar nosotros”, fue el mensaje que dejó entrever, bajándole el perfil a la polémica arbitral y evitando instalar excusas externas en un momento delicado.
La postura no es menor. En un club donde históricamente las crisis se amplifican desde todos los frentes, la diferencia de relatos vuelve a exponer un problema estructural: la falta de una línea clara. Mientras en las oficinas se apunta hacia afuera, en la banca se reconoce que el equipo todavía no responde.
Y es que los números acompañan la preocupación. Sin triunfos en el arranque y con constantes ajustes tácticos, Meneghini ha mostrado más dudas que certezas, en una búsqueda que refleja intranquilidad más que convicción. Con Limache —líder del torneo— en el horizonte, el Superclásico ante Colo Colo y el debut en Copa Sudamericana ante Palestino a la vuelta de la esquina, la U entra en una zona de máxima exigencia. Y ahí, más que los árbitros, el verdadero examen estará dentro de la cancha.