Universidad de Chile debutará este viernes ante Audax Italiano en un ambiente cargado, no solo por lo futbolístico. La sanción que impide el ingreso de 3.327 asistentes de Galería Norte —tras el lanzamiento de fuegos artificiales al campo en el partido frente a Coquimbo Unido— abrió un nuevo flanco de tensión entre el club, la ANFP y su propia hinchada.
En ese contexto, Marcelo Díaz tomó la palabra en conferencia de prensa y salió en defensa de los sancionados. “Me parece malo que se nos haya sancionado a nuestros hinchas… si fuese ese el hecho jugaríamos todos los partidos sin hinchas a lo largo de Chile”, señaló el capitán azul, agregando además que “me llama la atención que sea siempre la U al que le ponen una sanción” y que, desde su rol, “como capitán de la U voy a defender a los hinchas y querré que estén en el estadio”.
Las declaraciones apuntaron directamente a la ANFP, a la que Díaz pidió “actuar de forma sensata”, instalando la idea de un castigo desproporcionado. Sin embargo, el fallo del Tribunal se sustenta en hechos concretos: pirotecnia lanzada al campo de juego, detenciones del partido y reincidencia del club durante la temporada 2025. Bajo ese marco reglamentario, la sanción fue focalizada en el sector desde donde se originaron los incidentes.
El problema es que, como ocurre reiteradamente en el fútbol chileno, terminan pagando justos por pecadores. Entre los más de tres mil hinchas sancionados hay personas que no encendieron bengalas ni lanzaron fuegos artificiales, pero que igual quedaron marginadas del debut. Familias, abonados y asistentes habituales que hoy cargan con las consecuencias de actos cometidos por una minoría.
Lejos de bajar la tensión, el escenario se agravó con la reacción de la barra “Los de Abajo”, que anunció que para el estreno “no habrá fiesta”, en una señal directa de presión tras el castigo. Una amenaza que vuelve a instalar el fantasma de nuevos incidentes y evidencia que el conflicto está lejos de cerrarse.
Así, mientras Marcelo Díaz opta por un discurso de respaldo total a la hinchada y de cuestionamiento al ente rector, el fondo del problema vuelve a quedar desplazado: la persistencia de la violencia en los estadios y la incapacidad del sistema para individualizar responsabilidades sin afectar a miles de personas que solo quieren ir a ver fútbol.
La escena se repite. Declaraciones cruzadas, barras movilizadas, sanciones colectivas y un ambiente cada vez más enrarecido. Y en el medio, un público que cumple las reglas y que, una vez más, paga el costo de una crisis que el fútbol chileno todavía no logra resolver.