Los cánticos en el Bicentenario de La Florida no fueron producto únicamente del frustrado arribo de Valentín Gauthier. El defensor uruguayo terminó siendo la gota que rebalsó el vaso para una hinchada que hace tiempo viene cuestionando el trabajo de la dirección deportiva y que en este mercado de invierno también observó cómo Gonzalo Reyna llegaba al club arrastrando una lesión. Dos episodios que terminaron golpeando directamente la imagen de Manuel Mayo.
Desde que llegó a la gerencia deportiva en mayo de 2022, el dirigente ha liderado una profunda renovación del plantel azul. En ese proceso también existen decisiones acertadas. La contratación de Fabián Hormazábal terminó siendo uno de los grandes aciertos del mercado nacional, Matías Sepúlveda elevó considerablemente su rendimiento hasta convertirse en una venta importante para el club, Charles Aránguiz recuperó liderazgo desde su regreso y Eduardo Vargas, en medio de una irregular campaña 2026, ha sido uno de los pocos futbolistas capaces de responder dentro de la cancha.
Sin embargo, esos nombres contrastan con una lista bastante más extensa de apuestas que nunca lograron consolidarse. Luciano Pons, Juan Martín Lucero, Octavio Rivero, Gonzalo Montes, Sebastián Rodríguez, Fabricio Formiliano, Antonio Díaz, Nicolás Fernández y Julián Alfaro son parte de los refuerzos que llegaron con expectativas importantes y terminaron marchándose o perdiendo protagonismo sin justificar la inversión realizada por el club.
Pero el trabajo de un gerente deportivo no termina cuando un jugador firma contrato. En el fútbol moderno, una de sus principales funciones también consiste en construir patrimonio: detectar talento, potenciar futbolistas y generar ventas que permitan reinvertir en el plantel. Es precisamente ahí donde la gestión de Manuel Mayo comienza a recibir uno de sus cuestionamientos más fuertes.
Mientras Universidad de Chile sigue buscando consolidar un proyecto deportivo, las ventas de jugadores incorporados durante la administración de Mayo prácticamente no existen. Matías Sepúlveda aparece como la única operación capaz de dejar un retorno económico importante, un escenario muy distinto al que han conseguido otros clubes del fútbol chileno durante el mismo período.
La mayor transferencia de los últimos años en Universidad de Chile fue la de Darío Osorio al Midtjylland de Dinamarca. El cuadro europeo adquirió el 85% de su pase por cerca de US$5,2 millones, pero se trata de un futbolista formado íntegramente en la cantera azul. Es decir, su explosión deportiva y posterior venta no corresponden a un éxito de la política de fichajes impulsada por Manuel Mayo, sino al trabajo realizado en las divisiones inferiores del club.
El contraste con Colo Colo resulta inevitable. Blanco y Negro no solo consiguió reforzar competitivamente a su plantel, sino que además transformó varias de sus incorporaciones en importantes ingresos económicos. El porcentaje retenido del pase de Pablo Solari terminó dejando entre US$2,5 y US$4,3 millones adicionales tras su transferencia al Spartak de Moscú. La venta de Maximiliano Falcón al Inter Miami reportó cerca de US$2 millones, mientras que el traspaso de Alan Saldivia al Vasco da Gama se cerró por una base de US$1,2 millones por el 55% de su carta. A eso se suma la salida de Carlos Palacios a Boca Juniors, operación que dejó alrededor de US$2,2 millones líquidos para las arcas albas.
Ese círculo virtuoso es precisamente el que Universidad de Chile no ha conseguido construir. Mercado tras mercado el club vuelve a invertir en refuerzos, pero son muy pocos los futbolistas incorporados por la actual gerencia deportiva que aumentaron significativamente su valor o terminaron siendo vendidos para recuperar parte de esa inversión.
El problema, entonces, va mucho más allá de acertar o equivocarse con un nombre. La crítica apunta a que, después de más de cuatro años, la U continúa dependiendo de los jugadores formados en casa para realizar sus grandes ventas, mientras que los futbolistas captados desde el mercado rara vez se convierten en activos relevantes para el club.
Por eso el caso de Valentín Gauthier terminó generando tanto ruido. No fue solamente un fichaje frustrado. Para una parte importante de la hinchada azul, representó el último episodio de una gestión que ha debido reconstruir el plantel prácticamente todos los años, que suma varios refuerzos cuestionados y que todavía no consigue responder una pregunta clave: ¿cuál ha sido el verdadero legado deportivo y económico que ha dejado Manuel Mayo desde que asumió la dirección deportiva de Universidad de Chile?