El 4-2 de Universidad de Chile sobre Coquimbo Unido tuvo algo de extraño. A los 82 minutos, el equipo de Fernando Gago estaba 2-1 abajo y parecía encaminado a una derrota difícil de explicar. Porque, más allá de los problemas para concretar, la U había jugado un buen partido y había sido ampliamente superior en el Estadio Nacional.
Los números son contundentes. La U terminó con un 61% de posesión, 494 pases contra 327, 22 remates contra 10 y, todavía más significativo, 12 disparos al arco frente a apenas cuatro de Coquimbo. También generó seis grandes ocasiones contra dos del conjunto pirata y obligó a Diego Sánchez a realizar ocho atajadas.
La superioridad también se manifestó en dónde consiguió finalizar las jugadas. De los 22 intentos azules, 13 fueron desde dentro del área y nueve desde afuera. Coquimbo, en cambio, registró apenas seis remates dentro del área. Es decir, el problema de la U no estuvo en llegar ni en generar: estuvo, otra vez, en convertir.
Ahí apareció una dificultad que ha acompañado al equipo de Gago durante buena parte del torneo. Agustín Arce, Gonzalo Reyna y Maximiliano Guerrero participaron del dominio y tuvieron oportunidades, pero nuevamente les faltó peso en los metros finales. Incluso Eduardo Vargas necesitó varias aproximaciones antes de conseguir romper la resistencia de Sánchez a los 63 minutos. El arquero coquimbano había sostenido a su equipo con siete intervenciones solamente durante el primer tiempo.
Por eso resultó tan increíble que Coquimbo consiguiera dar vuelta momentáneamente el encuentro. Benjamín Chandía puso el 1-1 a los 71' y el autogol de Gabriel Castellón dejó a la visita 2-1 arriba a los 82'. Con cuatro tiros al arco en todo el partido, los piratas estuvieron a minutos de llevarse los tres puntos ante una U que había disparado tres veces más entre los palos.
Pero esta vez Gago encontró la solución en el banco. Juan Martín Lucero y Octavio Rivero ingresaron en el tramo final y transformaron por completo la historia. Lucero necesitó apenas minutos para convertir a los 86' y 90', mientras Rivero selló el 4-2 mediante lanzamiento penal en los descuentos. Entre ambos le dieron a la U tres goles cuando el partido parecía perdido.
Y quizás ahí está la mejor noticia para Gago. Durante buena parte de la temporada, Universidad de Chile sufrió precisamente por no tener quién transformara su volumen ofensivo en goles. Ante Coquimbo volvió a quedar expuesto ese problema durante más de 80 minutos, pero esta vez apareció una respuesta que antes no estaba: Lucero y Rivero entraron desde el banco y aportaron el poder de fuego que el equipo llevaba meses buscando.
El 4-2 terminó pareciendo una paliza y, mirando las estadísticas, tuvo argumentos para serlo mucho antes. La U generó, dominó y remató como para ganar con comodidad. Lo insólito fue que estuvo muy cerca de perderlo. La diferencia estuvo en los últimos minutos: por primera vez en mucho tiempo, Gago miró hacia el banco buscando goles y los encontró.