Fue una noche extraña en el Estadio Nacional. Universidad de Chile jugó mucho mejor que Coquimbo Unido, generó ocasiones suficientes para construir una ventaja cómoda y, sin embargo, cuando faltaban menos de diez minutos para el final se encontró inexplicablemente perdiendo por 2-1. Al final hubo justicia: los azules reaccionaron con furia y terminaron ganando 4-2.
La U salió con la obligación de recuperarse después de dos derrotas consecutivas y desde temprano se hizo dueña del partido. Eduardo Vargas, Agustín Arce, Gonzalo Reyna y Maximiliano Guerrero tuvieron oportunidades, pero entre Diego Sánchez y la falta de precisión azul convirtieron el encuentro en una verdadera farra frente al arco coquimbano.
El primer tiempo terminó increíblemente 0-0. Vargas tuvo más de una ocasión, Guerrero estuvo cerca con una tijera y luego con un remate que pasó junto al poste, mientras Arce también exigió a Sánchez. La U hacía prácticamente todo para ponerse arriba, salvo lo más importante: convertir.
El premio apareció recién a los 64 minutos mediante Eduardo Vargas. Parecía que el 1-0 finalmente acomodaba el marcador a lo que ocurría en la cancha, pero el fútbol volvió a castigar la falta de contundencia azul.
Benjamín Chandía empató a los 73' y Guido Vadalá puso el 2-1 a los 83'. De pronto, una U que había sido ampliamente superior estaba perdiendo en el Estadio Nacional y quedaba al borde de sumar su tercera derrota consecutiva.
Fernando Gago entonces mandó a la cancha a Juan Martín Lucero y Octavio Rivero a los 84 minutos. La apuesta tuvo un efecto inmediato. Apenas tres minutos después, Lucero apareció para convertir el 2-2 y devolverle vida a un equipo que se lanzó con todo por la victoria.
Y el Gato volvió a maullar. En los 90+2', Lucero aprovechó un rebote y marcó el 3-2 que hizo explotar el Nacional. En apenas unos minutos, el delantero pasó de la banca a convertirse en el héroe de una remontada que parecía imposible.
Todavía quedaba el broche. A los 95', Eduardo Vargas armó una linda jugada, ingresó al área y recibió la infracción que terminó en penal. Octavio Rivero tomó la responsabilidad y convirtió el 4-2, poniendo además un cierre perfecto a su regreso después de largos meses sin jugar.
La U sufrió muchísimo más de lo que merecía. Hizo una farra, pagó carísimo sus errores y durante algunos minutos estuvo perdiendo un partido que por juego y ocasiones nunca debió tener cuesta arriba. Pero esta vez el fútbol terminó siendo justo.
Miau. Lucero necesitó apenas unos minutos para cambiar una noche que se encaminaba hacia otra crisis. Dos zarpazos del Gato y el regreso goleador de Rivero transformaron un increíble 1-2 en un 4-2 épico para una U que, esta vez, ganó porque hizo méritos de sobra para hacerlo.