Fernando Gago tiene una certeza difícil de quebrar: su lectura parece ser siempre la correcta. Puede perder Universidad de Chile, pueden bajar el rendimiento sus jugadores y pueden multiplicarse los cuestionamientos a sus decisiones. El argentino escucha, responde y, generalmente, encuentra una explicación para demostrar que el problema está en cómo los demás interpretan lo que ocurre.
Esta vez el protagonista fue Agustín Arce. El juvenil, una de las buenas apariciones de la U durante la temporada, perdió influencia en los últimos encuentros después de comenzar a desempeñarse en una función distinta a aquella donde había mostrado su mejor fútbol.
La pregunta parecía futbolística y perfectamente atendible. Arce apareció durante largos pasajes cargado hacia la izquierda en el Superclásico y la consulta apuntaba precisamente a esa ubicación. Pero Gago decidió convertir la explicación táctica en prácticamente una clase para quien se atreviera a interpretar algo diferente.
“No jugó de extremo… nunca jugó, juega de interno. Posición interna con pasaje de lateral para generar superioridad”, comenzó explicando el entrenador. Después profundizó en los movimientos del futbolista y volvió a insistir: “Agustín también juega en una posición interna para encontrar el pasaje para Marcelo”.
Hasta ahí, absolutamente legítimo. Un entrenador explicando su idea, defendiendo su sistema y entregando argumentos sobre los movimientos que pretende de sus jugadores.
El problema vino después.
“No te quedes con el número. Con Limache fue puntero derecho. La posición es donde inicia y después se mueve. Luego te lo explico en dibujitos, para que te des cuenta que no juega en la izquierda”, cerró Gago. La frase retrata bastante más que una discusión sobre Arce. Hay una forma de responder, una suficiencia y una permanente sensación de que Gago está viendo un partido que los demás simplemente no son capaces de comprender.
Y todo ocurre mientras la realidad comienza a golpear a su equipo. Universidad de Chile llega al duelo con Coquimbo Unido después de dos derrotas consecutivas y con varias individualidades perdiendo rendimiento.
Gago tiene todo el derecho del mundo a sostener que Arce es interno. Incluso puede tener razón desde el punto de vista táctico. Lo cuestionable es otra cosa: esa necesidad permanente de responder desde un pedestal, como si cualquier pregunta sobre sus decisiones naciera de la incapacidad del interlocutor para comprender fútbol.
Porque explicar una decisión es parte del trabajo de un entrenador. Defenderla también. Pero ofrecer “dibujitos” para que el resto finalmente pueda entenderla habla de algo distinto. Habla de Fernando Gago. Un entrenador absolutamente convencido de sus ideas y cada vez menos dispuesto a aceptar que alguien pueda observar una realidad diferente a la suya.