La caída por 2-1 ante San Luis de Quillota en amistoso no hizo más que profundizar un problema que en Universidad de Chile ya venía incubándose desde hace días. En el Centro Deportivo Azul la paciencia comienza a agotarse, y el foco apunta directamente a la planificación de Francisco Meneghini, cuya metodología ha generado incomodidad en los referentes del plantel.
El principal punto de conflicto no es únicamente el resultado, sino la carga. Jugadores experimentados han manifestado su molestia por la escasez de descanso y la seguidilla de trabajos inmediatamente posteriores a los partidos oficiales, una lógica que el entrenador ha sostenido desde su llegada y que replica prácticas ya conocidas en sus ciclos anteriores.
El antecedente más claro se remonta al empate ante Audax Italiano. En medio de un ambiente de alta tensión, el equipo volvió a competir al día siguiente, enfrentando un amistoso ante el SIFUP, una decisión que ya había encendido las primeras alertas dentro del camarín y que instaló la sensación de una planificación poco alineada con las cargas habituales del fútbol profesional.
La historia se repite. Tras el reciente duelo ante Palestino por el torneo nacional, el plantel volvió a la acción al día siguiente con un nuevo amistoso, esta vez frente a San Luis, equipo liderado por Humberto Suazo, donde incluso sumaron minutos jugadores que no participaron del partido oficial. Más allá de la intención de probar alternativas, al interior del grupo estas decisiones comienzan a interpretarse como una señal de desesperación por encontrar fórmulas que no aparecen. En un camarín donde la experiencia pesa, este tipo de movimientos suele leerse como inseguridad del entrenador, alimentando aún más el clima de incertidumbre.
En un inicio de ciclo marcado por los malos resultados y la falta de respuestas en cancha, el manejo de las cargas aparece como un nuevo frente de conflicto para Meneghini. Porque en la U no solo preocupa no ganar: también empieza a incomodar cómo se está compitiendo.