Universidad de Chile dejó pasar una nueva oportunidad en la Liga de Primera 2026. En un partido donde tuvo las mejores ocasiones y logró imponer tramos de dominio, el equipo de Fernando Gago no pasó del empate sin goles ante Everton en el Estadio Sausalito, resultado que termina instalando una preocupación cada vez más profunda: la alarmante falta de eficacia en el último tercio.
El desarrollo del partido mostró rápidamente el patrón que marcaría la noche en Viña del Mar. La U fue un equipo capaz de generar peligro, especialmente en el primer tiempo, con acciones que perfectamente pudieron cambiar el destino del encuentro. Javier Altamirano protagonizó una de las más claras con una volea de gran factura que obligó a una intervención notable de Ignacio González, mientras que Lucas Assadi y Maximiliano Guerrero lograban romper líneas con cierta facilidad, pero sin lograr traducir ese desequilibrio en goles.
Juan Martín Lucero, uno de los nombres apuntados para liderar el ataque azul, también tuvo sus opciones. Un remate que pasó rozando el ángulo y otro intento desde fuera del área encendieron las alarmas en la defensa local, pero nuevamente sin premio. La jugada más clara llegó en el complemento, cuando un cabezazo de Matías Zaldivia fue despejado prácticamente en la línea, en una acción que reflejó con crudeza lo que fue la noche azul: dominio sin contundencia.
Everton, por su parte, respondió con orden y aprovechó los errores puntuales de la zaga universitaria para generar peligro aislado, incluso alcanzando a convertir en una jugada invalidada por fuera de juego. Sin embargo, el trámite general mostró a una U más protagonista, aunque incapaz de romper el cero.
Y ahí es donde aparece el verdadero foco del análisis. Porque más allá del resultado, lo de Universidad de Chile ya no parece un problema circunstancial, sino estructural. El equipo genera situaciones con relativa frecuencia, pero no tiene peso ofensivo para resolver partidos. La responsabilidad recae directamente en un mercado de fichajes que apostó fuerte por nombres en ataque, pero que hasta ahora no ha estado a la altura de las expectativas.
Lucero, llamado a ser el referente, sigue lejos de su mejor versión. Las alternativas tampoco logran marcar diferencias y el equipo termina dependiendo de llegadas de segunda línea o acciones aisladas, una fórmula que en el fútbol competitivo difícilmente alcanza.
El empate en Sausalito no solo le impide a la U acercarse a los puestos de avanzada, sino que además reafirma una tendencia preocupante: los partidos que debería ganar, los empata. Y en esa lógica, el déficit ofensivo deja de ser una estadística para transformarse en una condena deportiva.
En un torneo donde cada punto pesa, Universidad de Chile empieza a pagar caro su falta de gol. Porque generar sin convertir no suma, y este equipo, hoy, está muy lejos de tener respuestas donde más se necesitan.