Francisco Meneghini movió la pizarra luego de tres alarmas demasiado contundentes de que algo no andaba bien, pero otra vez el rendimiento estuvo lejos de ser el buscado por el estretega azul. La Universidad de Chile fue superior a un Palestino extremadamente pobre aunque poco importa porque, otra vez, no pudo sumar de a tres. En el Municipal de La Cisterna árabes y azules repartieron puntos en una pichanga poco feliz.
El primer tiempo fue la demostración de dos equipos con dudas. Demasiados errores, imprecisiones y los inventos de Paqui de poco sirvieron: la salida con Juan Martín Lucero y Eduardo Vargas desde el comienzo no creó una mayor cantidad de variantes ofensivas y, de hecho, quedaron siempre aisaldos fuera de cualquier tipo de circuito que se podía generar. Asi y todo el ex Colo Colo tuvo la más clara luego de desperdiciar un cabezazo a boca de jarro tras un buen centro de Lucas Assadi.
La segunda mitad fue más de lo mismo. Escaramusas de Assadi corriendo y encarando, como la única arma ofensiva de un planteamiento que volvió a dejar muchas dudas. Pese a tener el dominio casi completo de la pelota, la más clara estuvo en los de Nelson Da Silva, que después de una linda asistencia de Tapia estrelló la pelota contra el travesaño de Gabriel Castellón.
El ingreso de Octavio Rivero por Eduardo Vargas y del delantero Ignacio Vásquez para ocupar la banda que dejó Diego Vargas fueron manotazos para golpear el tablero desde la banca, aunque el efecto no fue el deseado. Tres partidos oficiales, dos puntos, sin goles, sin estructura y sin nada. Ese sería la mejor frase de un proceso que en menos de dos meses se quedó sin saldo, con el agua hasta el cuello y más cerca del fracaso que de la ilusión encontrar respuestas futbolísticas.
Casi como un acto del destino un error grosero de Sebastián Pérez casi salva a la U de la debacle, pero Zaldivia cometió una mano que el VAR estimó como cobrable, de manera discutida y con mucha agua bajo del puente tras la infracción. En todo caso era demasiado premio la victoria para un equipo sin ideas futbolíticas.
Lo peor para la U, otra vez, no es el resultado, sino que los preocupantes rendimientos individuales de en un engranaje que no responde. Charles Aránguiz pasó de ser el mejor jugador de la liga por escándalo en 2025 a ser un volante impreciso, sin marca y con un despliegue bajíimo para un referente que casi nunca muestra un nivel como este. Lo mismo con Fabián Hormazábal, Israel Poblete o Matías Zaldivia. Todos nombres claves bajo el mandato de Gustavo Álvarez que hoy están un escalón más abajo, algo que a todas luces es una responsabilidad directa de un entrenador nublado.
Ni hablar de Javier Altamirano, otrora volante creativo de exquisita técnica y dueño de las labores creativas durante la temporada anterior y hoy relegado a jugar apenas un puñado de minutos. Difícil de entender los motivos que tuvo el deté para esa drástica determinación. Mientras tanto los días siguen pasando y en el horizonte aparece el superclásico y la definición de la Copa Sudamericana, dos barreras que pueden dejar a Meneghini fuera del club.
Nuevo empate, dos puntos de nueve posibles y, a esta altura, no es exagerado pensar que los universitarios puedan sentarse en la mesa de los candidatos a levantar la corona en diciembre. Para Meneghini el cronómetro corre peligrosamente hacia un precipicio sin retorno: tres partidos sin ganar en un equipo grande es una vida, más para un entrenador sin experiencia que empieza a caminar por la corniza.