En el Centro Deportivo Azul celebraron como un gesto inocente —un saludo de cumpleaños, una postal conmemorativa, un guiño a un ídolo del pasado—, pero la reacción fue inmediata: Eduardo Vargas respondió públicamente y el nombre del delantero volvió a instalarse con fuerza en el entorno universitario. Un movimiento que, más que una señal estratégica, expone las contradicciones de una U que hace apenas cinco meses descartó su llegada por completo.
El presente de Vargas no invita precisamente al romanticismo. En Audax Italiano suma 10 partidos, dos goles, dos asistencias, tres tarjetas amarillas y 727 minutos en cancha en la Liga de Primera. Una producción discreta, coherente con lo que venía mostrando en Atlético Mineiro y en Nacional de Uruguay: un jugador de fina trayectoria, pero lejos de su versión determinante. Pese a ello, en la U parecen haberse olvidado de los argumentos deportivos que frenaron su fichaje a mediados de año.
En ese momento, las negociaciones avanzaron al punto de considerarse prácticamente cerradas. El jugador quería regresar, su representante, Fernando Felicevich, presionaba por concretar el movimiento, y los dirigentes de Azul Azul daban señales de sintonía. Todo se derrumbó tras el conflicto por el fallido traspaso de Esteban Matus, que tensó la relación entre el agente y la dirigencia. El club se retiró de la operación y Vargas terminó en La Florida.
Hoy, sin embargo, un simple intercambio en redes sociales parece haber reformateado la historia. En tiempos donde un “me gusta” se interpreta como política institucional, la dirigencia azul abrió una puerta que había cerrado por razones deportivas, financieras y administrativas. ¿Qué cambió en la U para que ahora sí vean viable al delantero? ¿Bajó el precio? ¿Se diluyó el conflicto con su representante? ¿O simplemente prima la nostalgia por un ídolo que partió en 2011 como goleador de la Sudamericana y máximo artillero azul en torneos internacionales?
El relanzamiento de la “operación Vargas” se instala, inevitablemente, como un síntoma. Un club que navega entre impulsos emocionales y decisiones de corto plazo, que responde más al ruido exterior que a una planificación deportiva coherente. La figura del atacante genera cariño y memoria, pero también evidencia la falta de claridad sobre qué proyecto quiere construir Universidad de Chile.
Por ahora la continuidad de Lucas Di Yorio, Rodrigo Contreras y Nicolás Guerra en 2026 son cada vez menores. La planificación tendrá que llegar con un centrodelantero y en ese esquema el nombre de Vargas asoma como una opción más. Por ahora, lo concreto es que la U volvió a coquetear públicamente con un viejo amor. Y lo hizo justo cuando ese viejo amor no vive su mejor momento. Una postal que entusiasma a algunos hinchas, pero que deja abiertas más preguntas que certezas sobre la brújula institucional del club.