“Recuperar el fútbol para las familias”. Esa fue una de las metas que el Gobierno de José Antonio Kast instaló durante sus primeros meses y que llevó al delegado presidencial metropolitano, Germán Codina, a impulsar el regreso de los hinchas visitantes. “Es un engaño acostumbrarse a creer que las cosas están bajo control simplemente evitando que concurran los hinchas de visita”, aseguró en mayo.
Cuatro meses después, la realidad está lejos de ese objetivo. Esta misma semana, hinchas de Colo Colo protagonizaron enfrentamientos y peleas con palos en las tribunas del Estadio Nacional durante el partido ante Audax Italiano. Apenas 48 horas más tarde, la violencia volvió a instalarse en otro de los principales recintos deportivos del país.
En Sausalito, Universidad de Chile derrotaba por 1-0 a Everton cuando desde el sector ocupado por hinchas azules comenzó el lanzamiento de bengalas y pirotecnia. Los elementos alcanzaron distintos sectores del estadio y Piero Maza terminó suspendiendo un encuentro que hasta ese momento se desarrollaba con absoluta normalidad.
Los responsables directos son quienes protagonizan las peleas, ingresan elementos prohibidos y lanzan pirotecnia. Pero impedir que eso ocurra es precisamente parte de la tarea que asumieron las autoridades cuando anunciaron que querían recuperar los estadios. Cuatro meses después, resulta legítimo preguntarse qué avances concretos existen en esa materia.
Porque las consecuencias siguen recayendo sobre quienes no provocaron los incidentes. Vuelven las prohibiciones para visitantes, las reducciones de aforo, los cierres de sectores y la posibilidad de disputar partidos sin público. Miles de hinchas terminan convertidos en prisioneros del comportamiento de grupos reducidos que continúan teniendo capacidad para condicionar un espectáculo completo.
El Gobierno de Kast hizo de la seguridad una de sus principales banderas y llevó ese discurso también al fútbol. La apuesta por recuperar a los visitantes apuntaba justamente a terminar con la lógica de esconder el problema prohibiendo el ingreso de una hinchada completa. Sin embargo, los episodios del Nacional y Sausalito muestran que el control efectivo de los violentos sigue siendo una tarea pendiente.
La promesa era recuperar el fútbol para las familias. Cuatro meses después, peleas con palos en el Estadio Nacional y un partido suspendido por pirotecnia en Sausalito muestran una realidad distinta: los violentos todavía tienen demasiado poder para decidir qué ocurre dentro de los estadios.