La derrota ante Unión La Calera no fue la única mala noticia para Universidad de Chile en el estreno de Fernando Gago en la banca azul. En las tribunas del Estadio Nacional también quedó expuesto otro problema que golpea directamente a Azul Azul: apenas 11.647 personas llegaron al recinto, en lo que se transformó en la cuarta peor asistencia de público del club desde 2016. Un registro impropio para un equipo que buscaba reencantar a su gente en el inicio de un nuevo proceso.
La cifra no puede analizarse como un hecho aislado. Detrás del escaso marco de público aparece una suma de decisiones dirigenciales difíciles de defender. El partido se jugó un martes a las 18:00 horas, en día laboral, por un torneo que ni siquiera está incluido en el abono 2026 del Campeonato Nacional. Es decir, el hincha que ya hizo un esfuerzo importante por asegurar su lugar durante la temporada tuvo que volver a pagar para acompañar al equipo en esta Copa de la Liga. Todo por culpa de la concesionaria que prefirió reducir al mínimo los beneficios de sus fanáticos.
Pero no es único dato incómodo propuesto por la directiva que encabeza Michael Clark. La entrada más barata bordeaba los $16.000, un valor alto considerando el contexto económico y el escaso atractivo del torneo. A eso se sumaron promociones de última hora impulsadas por el club: descuentos para abonados, beneficios para quienes asistieron al partido ante Deportes La Serena y fórmulas tipo 50% de descuento para intentar levantar la convocatoria.
El problema para Azul Azul es que ese paquete de incentivos, más que una fortaleza comercial, terminó pareciendo una señal de desesperación. Las promociones no lograron transformar el debut de Gago en una cita masiva y el Estadio Nacional lució semivacío. El mensaje es claro: no basta con rebajas de último minuto cuando la percepción instalada es que al hincha se le cobra por todo.
Ahí está la otra derrota de Azul Azul. Porque mientras en la cancha el equipo volvió a mostrar dudas y terminó cayendo, fuera de ella la dirigencia volvió a fallar en la relación con su gente. Precios altos, abonos incompletos y decisiones poco empáticas terminaron pasando la cuenta. El resultado fue doble: caída deportiva y un golpe directo a la conexión con su hinchada.