El nombre de Michael Clark vuelve a quedar en la primera línea pública, esta vez lejos del ámbito académico y empresarial. El actual presidente de la Universidad de Chile fue uno de los directores sancionados por la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) tras detectar graves irregularidades en Sartor Administradora General de Fondos (AGF), compañía donde Clark ejerció como miembro de la mesa directiva.
La sanción asciende a 65.000 UF —aproximadamente $2.500 millones de pesos— y contempla además una inhabilitación de cinco años para ocupar cargos de alta responsabilidad en entidades fiscalizadas, un golpe que lo sitúa en el centro de la discusión por su vigencia, reputación y continuidad en espacios institucionales de alta exposición.
Hoy la incertidumbre no sólo recae sobre Clark, sino sobre el modelo de conducción que ha sostenido a Universidad de Chile en los últimos años. En el ambiente azul crece la interrogante: ¿cómo afectará esta sanción la gobernanza deportiva, el mercado de fichajes, la proyección institucional y la legitimidad frente al hincha?
Por ahora, Clark mantiene silencio público y no hay pronunciamientos oficiales desde Azul Azul. Lo único claro es que el escenario vuelve a tensionarse fuera de la cancha… y la U, una vez más, queda entre la lupa, la desconfianza y la necesidad urgente de recuperar credibilidad.