Gary Alexis Medel Soto es una anomalía del fútbol contemporáneo. Referente histórico de la Selección Chilena, campeón de América en 2015 y 2016 y protagonista de dos Mundiales, construyó una carrera marcada por el liderazgo, la intensidad y la polifuncionalidad. Pero mientras con la Roja alcanzó la cima, a nivel de clubes su historia está atravesada por una sequía que ya supera los veinte años.
El último golpe llegó el 25 de enero de 2026 en Viña del Mar. Universidad Católica empató sin goles ante Coquimbo Unido y terminó cayendo 8-7 en una extensa definición por penales en la Supercopa. Medel convirtió su lanzamiento, pero el fallo final de Branco Ampuero selló otra frustración. Otra oportunidad perdida. Otro capítulo de una racha que parece no tener fin.
El origen de esta historia está en la propia UC. Entre 2006 y 2009, Medel disputó cinco torneos nacionales sin consagraciones. Fue subcampeón del Apertura 2007 detrás de Colo Colo, cayó en cuartos del Clausura 2007 ante Universidad de Concepción, volvió a quedar eliminado por Colo Colo en el Apertura 2008, por Rangers en el Clausura del mismo año y finalmente perdió la semifinal del Apertura 2009 frente a Unión Española por penales. Antes siquiera de salir al extranjero ya acumulaba un subcampeonato, tres eliminaciones en cuartos y una caída desde los doce pasos.
A mediados de 2009 partió a Boca Juniors y el patrón volvió a repetirse. Llegó en uno de los periodos más inestables del club argentino. Entre Apertura 2009 y Clausura 2010 disputó 40 partidos oficiales, con apenas 40% de rendimiento colectivo. Boca terminó 11° y luego 16°, quedó fuera tempranamente de la Sudamericana y cambió técnicos de manera permanente. Medel fue titular habitual e incluso marcó en Superclásicos, pero el equipo nunca peleó títulos. Tras su salida en 2011, Boca inició su reconstrucción y alcanzó la final de Libertadores en 2012.
Luego vino Sevilla. Entre 2011 y 2013 fue pieza importante, con buenos números individuales, pero sin trofeos. Apenas se marchó al fútbol inglés, el club andaluz inició su era dorada y ganó tres Europa League consecutivas entre 2014 y 2016. Otra vez, Medel estuvo presente en la transición y ausente en la gloria.
En 2014 llegó al Inter de Milán tras el Mundial de Brasil. Allí disputó 109 partidos oficiales entre 2014 y 2017, siendo titular recurrente como volante o central bajo seis entrenadores distintos. Fue el Inter del desierto: sin Serie A, sin Coppa Italia y sin Supercopa, con campañas irregulares y constantes cambios de proyecto. Medel se fue en 2017 y cuatro años más tarde el Inter volvió a ser campeón de Italia.
Su paso por Beşiktaş tampoco rompió el hechizo. Llegó a un equipo que venía de ser bicampeón turco, pero durante su estadía no hubo títulos. Incluso en 2018, cuando peleaban la Copa, el club fue descalificado tras negarse a reanudar un partido suspendido por agresión al técnico desde las tribunas. Hasta los factores externos parecían alinearse contra su palmarés.
El regreso a Universidad Católica en 2025 estuvo cargado de simbolismo. A los 38 años volvió como líder defensivo, disputó 26 partidos y casi 2.000 minutos, y empujó al equipo hasta la Supercopa 2026. Era su cita con la historia. Terminó siendo otra frustración.
El contraste es total. Con Chile levantó los trofeos más importantes de la historia del fútbol nacional. Con clubes, ninguno. No es falta de talento ni de protagonismo. Medel siempre llegó a instituciones en crisis, reconstrucción o transición. Fue sostén del caos, nunca heredero del éxito.
Universidad Católica, Boca Juniors, Sevilla, Inter de Milán y Beşiktaş repiten el mismo guion: Gary Medel aparece antes del renacer y se va antes de la consagración.
Con contrato vigente durante 2026, todavía tendrá opciones en el Campeonato Nacional y la Copa Chile. Pero tras más de dos décadas de carrera, la “maldición del Pitbull” ya es una de las anomalías más llamativas del fútbol moderno.