El nombre de Renato Paiva y el de Universidad de Chile siguen estando vinculados como una de las alternativas para ocupar la banca azul. No es un desconocido ni un técnico sin recorrido: su currículum reciente muestra títulos, buenos promedios y experiencias en ligas exigentes. Pero cuando se observa su trayectoria de los últimos años en secuencia, aparece una tendencia clara: ciclos cada vez más cortos, menor respaldo y un cierre de 2025 marcado por resultados adversos.
Su punto más alto se registra en Independiente del Valle. Allí dirigió 60 partidos oficiales, sumó 107 puntos de 180 posibles, con 1,78 puntos por partido y un 59,4% de rendimiento. Fue campeón de la Serie A de Ecuador en 2021, sostenido por una estructura sólida y un proyecto alineado con su idea futbolística. No hubo crisis ni desgaste prematuro: su salida respondió al cierre natural de un ciclo exitoso que lo proyectó a mercados de mayor presión.
El primer quiebre aparece en León de México. En ese club dirigió 18 partidos, obtuvo 22 puntos, promedió 1,22 puntos por partido y alcanzó apenas un 40,7% de rendimiento. El equipo nunca logró regularidad ni identidad clara y, aunque su salida fue comunicada como una decisión personal, los números bajos y la falta de convicción del proyecto aceleraron un final anticipado.
En Bahia, Paiva recuperó continuidad, pero ya en una curva descendente. Dirigió 51 partidos, sumó 76 puntos de 153 posibles, con 1,49 puntos por partido y un 49,7% de rendimiento. Ganó un título regional, pero el equipo no logró consolidarse en el Brasileirao ni dar el salto competitivo que la dirigencia esperaba. Su ciclo se cerró por evaluación de proyecto: resultados correctos, pero insuficientes para sostener una apuesta a mediano plazo.
Toluca representa la gran paradoja de su carrera reciente. En 44 partidos, Paiva ganó 23, empató 11 y perdió 10, con 80 puntos, 1,82 puntos por partido y un 60,6% de rendimiento, su mejor registro desde Independiente del Valle. Aun así, fue removido tras quedar eliminado en liguilla en torneos consecutivos. Ganó muchos partidos, pero no logró traducir ese rendimiento en avances decisivos cuando el torneo entró en su fase crítica.
El paso por Botafogo fue breve y sintomático. Dirigió 23 partidos, sumó 39 puntos, ganó 12 encuentros y sostuvo un promedio de 1,70 puntos por partido, equivalente a un 56,5% de rendimiento. Incluso consiguió resultados internacionales relevantes, pero el proyecto nunca tuvo estabilidad interna. Tras apenas cuatro meses, y diez días después de ganarle al PSG en el Mundial de Clubes, el ciclo se terminó en un contexto de exigencia inmediata y tolerancia mínima al error luego de ser eliminado por el Palmeiras en los octavos de final de ese torneo.
El cierre de 2025 marca el quiebre definitivo. En Fortaleza dirigió solo 10 partidos, obtuvo 6 puntos, con una victoria, tres empates y seis derrotas, promediando 0,60 puntos por partido y un 20% de rendimiento. Fue su peor registro profesional, con una diferencia de gol negativa y sin señales de recuperación. La salida fue inmediata y explicada exclusivamente por resultados.
Ese es el marco en el que se analiza hoy su nombre como candidato a la banca de la U. Renato Paiva no dejó de ganar partidos a lo largo de su carrera, pero perdió margen, tiempo y crédito. La secuencia es clara: de proyectos largos y campeones pasó a ciclos breves y frágiles. En un club urgido, impaciente y sin red, la pregunta no es si Paiva sabe dirigir, sino si Universidad de Chile puede permitirse apostar por un entrenador cuya curva reciente va en bajada.