El arribo de Jorge Alberto Hank al fútbol nacional no es menor. El heredero de la dinastía Hank, dueño del Club Tijuana en México, irrumpió como flamante propietario de O’Higgins de Rancagua, en sociedad con el representante argentino Cristian Bragarnik. Pero la noticia, que en apariencia debía celebrarse como una inyección de capital extranjero, se tiñó de sombras por las acusaciones que rodean la figura del empresario azteca en Estados Unidos, más con las noticias que llegan del otro extremo del continente.
Según reportes oficiales del Departamento del Tesoro norteamericano, empresas relacionadas con Hank fueron sancionadas por presunto lavado de dinero ligado al Cártel de Sinaloa. El propio dirigente defendió su inocencia con declaraciones que aún resuenan: “Nunca tuve conocimiento de esas actividades, ni mucho menos relación con ese tipo de negocios”, dijo en una entrevista con medios mexicanos. Sin embargo, en el país vecino la lupa sigue puesta sobre él y sus movimientos.
El socio incómodo: Bragarnik y sus fantasmas
Si la presencia de Hank ya genera ruido, su alianza con Cristian Bragarnik añade aún más polémica. El argentino, conocido como “el dueño en las sombras” de varios clubes en Sudamérica y España, mantiene un historial de vínculos que incomodan al fútbol. Uno de ellos fue su cercanía con Tirso “Pepe” Martínez, un operador financiero acusado por Estados Unidos de traficar más de 76 toneladas de cocaína.
La relación entre Bragarnik y Pepe Tirso ha sido señalada en múltiples investigaciones periodísticas, y aunque nunca derivó en una sanción formal, quedó instalada en el ambiente una duda recurrente: ¿hasta qué punto los tentáculos del narcotráfico han alcanzado al fútbol a través de sociedades y testaferros?
La experiencia mexicana es un espejo inquietante para Chile. Club Tijuana, bajo la administración de Hank, logró crecer en lo deportivo, pero nunca pudo sacudirse del todo la sospecha de ser parte de una red de intereses que exceden al balón. “No podemos tapar el sol con un dedo”, reconoció un dirigente mexicano en su momento, admitiendo que las acusaciones impactaban directamente en la credibilidad del proyecto.
En Rancagua, la hinchada ya comienza a cuestionar la operación. Los nombres de Jorge Hank y compañía no agradan entre los fanáticos celestes a los que aún no le cierra los nuevos inversionistas del club. La pregunta en cuestión siempre se repite, sin tener ninguna respuesta: ¿quiénes son los dueños del fútbol chileno?