Tras su salida de Universidad de Chile, Gustavo Álvarez entregó su versión sobre el fin de su ciclo en el club, apuntando a un proceso de desgaste progresivo más que a un quiebre abrupto o a diferencias puntuales de gravedad.
“Me parece que toda relación se desgasta poco a poco y es normal en todo ámbito de la vida, en lo deportivo sucede lo mismo. No hay hechos puntuales de gravedad que provocaron una ruptura en la relación, sí un desgaste que lo considero normal”, explicó el técnico en la entrevista televisiva, recalcando además que no pretende profundizar en los detalles internos. “El club ya tiene otro entrenador y yo quiero buscar un camino. Todo lo que sentí lo dije y ratifico mis conferencias”, agregó.
Álvarez también fue enfático en descartar un conflicto legal con la institución, pese a la existencia de un contrato vigente y una cláusula de extensión que eventualmente podía derivar en tribunales. “Mi principal objetivo era terminar bien la relación. Nos vinculaba un contrato de dos años con un tema de una extensión, algo que no quería tocar porque jamás pensé en terminar en un desacuerdo o conflicto jurídico con el club”, sostuvo.
En esa línea, explicó que optó por una salida acordada, incluso resignando beneficios contractuales. “No nos merecíamos un final en tribunales. Sabíamos que esa cláusula de extensión podía poner la cuestión en un tribunal y preferí evitarlo, terminar en buenos términos y con un reconocimiento o gesto hacia el club, con una cifra acordada por ambas partes para que la institución tuviera una retribución económica”, señaló.
Finalmente, dejó claro que existía la opción de marcharse sin compensación, pero decidió no hacerlo. “Pude irme a cero pesos, pero no es mi forma de actuar. No lo quise hacer de esa manera”, cerró.