"Cuando me decidí a ser entrenador fue con dos objetivos muy claros, uno, dignificar la profesión y otro es intentar permanentemente mejorar el juego. Todas mis decisiones y actitudes se van a basar en esos dos ejes". Eso dijo Gustavo Álvarez en febrero de 2025, en medio de una de las tantas polémicas entre la Universidad de Chile y Colo Colo.
Demasiados contrastes con la última versión que se vio en el Tierra de Campeones, en el que terminó encarándose con un periodista que le cuestionó sus resultados de la temporada. Con un tono más duro, mosqueado claramente y quedando fuera de Copa Libertadores 2026, sin lograr los objetivos trazados para la temporada. Esa será la última imagen del entrenador con un buzo de la U.
Entremedio de esas dos conferencias, muchas cosas cambiaron. La relación con Azul Azul se hizo insostenible y la batalla por los refuerzos pasó desde la oficinas del CDA a las declaraciones públicas. "Los entrenadores tenemos necesidades y tiempos", apuntó el argentino. La no llegada de ciertos jugadores terminó pinchando un globo hace tres meses, algo que coincidió con los malos resultados deportivos de la segunda rueda, sacando la trepada azul hasta las semifinales de Copa Sudamericana.
Ya para octubre el panorama era completamente hostil al interior del equipo. Los rumores de una posible salida del entrenador se hicieron más continuos y la noticia publicada por El Mercurio con su acuerdo prácticamente sentenciado fue la que hizo estallar su personalidad más confrontacional: "Cuando Gustavo Álvarez habla, lo dice de frente", dijo en tercera persona.
Tras acusar públicamente al periodista que escribió la nota, le brindó una entrevista a dicho medio. “Sentí que alguien quiso ponerme en contra de la gente de la U” y "desconozco la interna o lo que pasa entre los dirigentes. Entiendo que hay dos bandos enemistados, pero insisto, no tengo idea de los detalles", fueron dos frases importantes que se destacaron de esa charla.
Pero el cambio más rotundo en la cabeza del entrenador también está escondido en esas páginas. Ante la pregunta del periodista sobre el pago de su salida tasado en 1.2 millones de dólares, fue el propio Álvarez el que dijo que esa claúsula sí existía y agregó que "si me quisieran despedir, mi indemnización sería de 100 mil dólares". Una jugada fríamente calculada de una persona que sabe no seguiría en el club al término de 2025.
Durante estos días el entrenador ofreció $250.000 USD a Azul Azul para quedar libre y poner término anticipado a su contrato, que vence a fines de 2026. Una propuesta que dentro del directoria catalogaron como "ridícula", ya que representa poco más del 20% del total acordado. De dignificar la profesión a declarar públicamente sus ganas de salir sin respetar los acuerdos , para de paso "recomendar" traer otro entrenador. La verdadera versión de Álvarez salió a la luz.