El Gobierno elevó el tono tras los desórdenes que marcaron el estreno de la U en la Liga de Primera, luego de que la ministra Camila Vallejo cuestionara directamente a Azul Azul por lo ocurrido en el Estadio Nacional. En un punto de prensa, la vocera fue clara al señalar que la violencia en los estadios no puede seguir tratándose como un problema exclusivo de las autoridades: “Ustedes saben que tenemos un trabajo muy intenso respecto a la responsabilidad para los hinchas y los clubes. Esto no se trata solo de la tarea del Estado, sino también de los clubes y de quienes participan o hacen negocios con el fútbol”.
Vallejo remarcó que, pese al despliegue permanente de Carabineros, existe una obligación directa de las instituciones deportivas en la prevención de estos hechos, advirtiendo que “Carabineros trabaja permanentemente para proteger a las familias que quieren disfrutar del fútbol con sus hijos”, pero que ese esfuerzo debe ir acompañado de coordinación y compromiso real de los organizadores del espectáculo.
En esa línea, la ministra lanzó el mensaje más duro de la jornada, apuntando derechamente a la concesionaria que administra a Universidad de Chile: “No puede ser que tengamos episodios de violencia sin que se asuman responsabilidades en esta materia”, enfatizando que el fútbol profesional no puede seguir desligándose de lo que ocurre en sus propios recintos.
La vocera insistió además en que el Ejecutivo mantendrá su ofensiva contra la violencia en los estadios, recalcando que “esto no se trata simplemente de la tarea que tiene que hacer el Estado, sino que también los clubes, la gente que participa y también quienes hacen negocios del fútbol”, agregando que desde el Gobierno “vamos a seguir obviamente en esa tarea, y la institucionalidad, al menos, de nuestra parte está funcionando en esa dirección”.
El emplazamiento llega en medio de un clima cada vez más tenso en torno a la seguridad en el fútbol chileno, con el Estadio Nacional nuevamente en el centro del debate y con Azul Azul bajo presión para explicar su rol en los protocolos del partido que terminó empañado por la violencia.