La teleserie por la realización del partido entre la U y Huachipato sumó un nuevo capítulo luego de que el delegado presidencial del Biobío planteara públicamente que el equipo visitante se traslade a Concepción durante la misma jornada del encuentro, fijado para este domingo a las 12:00 horas.
“Eso se lo manifestamos también al club deportivo Huachipato, que es organizador de este evento, para que se lo manifieste al visitante. Creo que es la mejor medida, aun cuando siempre vamos a tener dispositivos de seguridad coordinados con Carabineros ante cualquier eventualidad”, señaló Pacheco, agregando que “con las medidas que se han tomado, se puede avanzar de buena manera para poder desarrollar este espectáculo deportivo”.
La declaración no tardó en generar ruido. En el fútbol profesional, viajar el mismo día de un partido —más aún a otra región— es una práctica prácticamente inexistente: afecta el descanso, altera la rutina de activación física y condiciona directamente el rendimiento competitivo. La propuesta fue leída en el entorno azul como una improvisación que ignora estándares mínimos de preparación.
El propio delegado intentó justificar la idea apelando al contexto regional: “Lo más importante que hemos querido proteger es el entorno, sobre todo porque nosotros en estos momentos estamos abocados, como ustedes nos ven, ayudando a las familias de Penco y Lirquén a levantarse. Ahí deben estar concentrados los esfuerzos, y por eso, para compatibilizar todo esto, creo que la propuesta se ajusta más a lo que debería estar sucediendo con este tipo de eventos”.
El problema es que, una vez más, el fútbol queda atrapado entre criterios políticos cambiantes y soluciones de último minuto. Primero el partido fue bajado por “falta de condiciones de seguridad”, luego se reactivó tras gestiones contrarreloj, y ahora se pretende que un equipo profesional modifique su logística básica para acomodarse a la agenda del Estado. Lo más preocupante de todo es quien toma las decisiones es una persona que no tiene idea de la disciplina y queda como un ignorante.
Más allá del contexto de emergencia en la zona, la señal es preocupante: las autoridades regionales parecen no manejar los tiempos, exigencias ni protocolos del deporte de alto rendimiento. La idea de hacer viajar a la U el mismo domingo no solo es impracticable desde lo deportivo; es la confirmación de que el balompié chileno sigue siendo administrado con criterio amateur.
Una voltereta más que desnuda el desorden estructural del fútbol nacional: delegaciones presidenciales con poder total sobre la programación, clubes obligados a aceptar condiciones improvisadas y un espectáculo que avanza a tumbos, lejos de cualquier estándar serio de planificación. En este escenario, la propuesta del Biobío no es una anécdota: es el síntoma de un Gobierno que, otra vez, le juega en contra al fútbol.