Universidad Católica sigue contra el tiempo intentando evitar un partido sin público en Copa Libertadores, y desde el Gobierno dejaron una señal de apertura, aunque lejos de ser una aprobación inmediata. El delegado presidencial de la Región Metropolitana, Germán Codina, abordó el conflicto y dejó en claro que la última palabra dependerá de una nueva propuesta del club cruzado.
“Tengo la mejor de las voluntades de evaluar lo que va a plantear Universidad Católica”, aseguró la autoridad, marcando un matiz respecto al rechazo inicial a la presencia de hinchas de Boca Juniors. La frase instala un nuevo escenario, donde la decisión no está completamente cerrada, pero sí sujeta a condiciones estrictas.
En esa línea, Codina fue enfático en que cualquier modificación deberá cumplir con estándares exigentes. “Pero eso tiene que cumplir con todos los requisitos que permitan garantizar la seguridad de las personas”, advirtió, reforzando la preocupación de las autoridades en eventos catalogados de alto riesgo.
El escenario, por ahora, mantiene abierta la posibilidad de que el encuentro se juegue sin público visitante —o incluso a puertas cerradas— si la UC no logra presentar un plan que satisfaga las exigencias establecidas.
De esta manera, la presión queda instalada sobre el club cruzado, que deberá convencer al Gobierno con una propuesta sólida si quiere revertir una medida que ya tensiona la previa de uno de los duelos más sensibles del calendario internacional.