Universidad Católica se había acostumbrado a ganar incluso cuando el fútbol no aparecía. A sacar adelante partidos cerrados, aprovechar alguna oportunidad y sostener resultados que muchas veces parecían mejores que el rendimiento mostrado en cancha. Pero esa fórmula no podía funcionar para siempre y ante Unión La Calera encontró un freno.
La UC llegó al Nicolás Chahuán con una extensa lista de bajas y obligada a modificar buena parte de su equipo. Una situación que condicionó a los cruzados, aunque tampoco alcanza para explicar completamente un partido en el que nuevamente les costó imponer condiciones y generar diferencias claras frente a su rival.
Durante el primer tiempo hubo oportunidades para ambos lados. Nicolás Avellaneda apareció para evitar el gol de Diego Corral y luego respondió ante un potente remate de Matías Palavecino, mientras Vicente Bernedo también tuvo que intervenir para sostener a Católica cuando Sebastián Sáez encontró un cabezazo que llevaba peligro.
El complemento tampoco mostró una versión demasiado distinta. Católica intentó instalarse más arriba, aunque sin demasiada claridad, hasta que encontró la ventaja mediante una pelota detenida. Palavecino ejecutó un tiro libre que dio en el poste y Martín Gómez estuvo atento al rebote para convertir el 1-0 a los 64 minutos.
Parecía otra de esas noches en que Católica podía terminar llevándose el resultado sin necesidad de realizar un gran partido. Había encontrado el gol y tenía la posibilidad de administrar una ventaja que, considerando las numerosas ausencias, podía transformarse en un buen resultado pensando en la revancha.
Pero esta vez no alcanzó. La Calera siguió buscando y terminó encontrando el empate a los 79 minutos. Tras un centro de Martín Hiriart, Juan Pablo Salomoni apareció dentro del área para anticiparse y establecer el 1-1. El empate vuelve a poner sobre la mesa una realidad que los resultados habían conseguido disimular: Católica necesita jugar mejor. Competir con tantas bajas tiene mérito y saber ganar partidos cerrados también es una virtud, pero depender permanentemente de una aparición individual, una pelota detenida o una intervención de Bernedo termina dejando demasiado poco margen.
La Copa Chile volvió a demostrarlo. No siempre se puede ganar jugando mal. Esta vez Católica encontró el gol, tuvo la ventaja y parecía encaminada a sacar nuevamente adelante una noche compleja, pero La Calera terminó aprovechando las falencias de un equipo que deberá mostrar bastante más en la revancha si quiere avanzar de ronda. Ahora toca definir en el Claro Arena, donde son amplios favoritos para meterse en cuartos.