Universidad Católica no necesitó jugar bien para quedarse con el Clásico Universitario. Con más empuje que fútbol, constantes reclamos al árbitro Diego Flores y simulaciones que contribuyeron a cortar el ritmo del encuentro, los cruzados consiguieron una victoria por 1-0 ante una Universidad de Chile que estuvo muy lejos de las expectativas. El equipo de Daniel Garnero entendió perfectamente el partido, jugó a lo que más le acomoda y terminó celebrando tres puntos fundamentales que lo dejan a solo dos unidades de los azules en la lucha por el Chile 2.
El encuentro comenzó con un golpe inmediato. Apenas a los cuatro minutos, Jimmy Martínez encontró con un pase profundo a Clemente Montes, quien aprovechó una defensa azul completamente desacomodada para enfrentar a Gabriel Castellón y definir con precisión. Fue una demostración de la fórmula que Católica conoce de memoria y que tantas veces le ha funcionado incluso en Copa Libertadores: esperar, salir rápido y golpear de chico a grande. A los diez minutos, Juan Francisco Rossel volvió a inquietar con un remate desviado, mientras la U recién consiguió aproximarse a los 14', con un zurdazo de Agustín Arce que terminó lejos del arco.
Con la ventaja asegurada, Católica comenzó a jugar otro partido. Las interrupciones, los reclamos y las simulaciones se transformaron en protagonistas de un encuentro cada vez más friccionado. A los 34 minutos, Igor Lichnovsky protagonizó un tenso episodio con el árbitro Diego Flores, quien decidió no expulsarlo después de que el defensor se cubriera la boca para dirigirle unas palabras. La UC, mientras tanto, siguió encontrando espacios y estuvo cerca del segundo a los 44', cuando Tomás Asta-Buruaga conectó de cabeza un centro de Cristián Cuevas y obligó a Castellón a intervenir para evitar otra conquista.
La segunda mitad comenzó con una de las pocas ocasiones claras de Universidad de Chile. A los 47 minutos, Eduardo Vargas controló en la entrada del área y sacó un potente remate cruzado que pasó muy cerca del arco defendido por Darío Melo. Sin embargo, la reacción azul duró poco. A los 54', Católica volvió a desnudar las falencias defensivas de su rival con una salida rápida de Clemente Montes, quien dejó a Fernando Zampedri en posición de convertir. Cuando el goleador se preparaba para definir, Igor Lichnovsky apareció providencialmente para evitar el segundo.
El esquema de Fernando Gago nunca funcionó. La U tuvo la pelota, pero careció de profundidad, velocidad y claridad para romper el orden defensivo cruzado. Agustín Arce e Ignacio Vásquez protagonizaron actuaciones muy deficientes, mientras Charles Aránguiz también estuvo lejos de su nivel habitual. El volante tuvo una jornada opaca, sin conseguir manejar los tiempos ni convertirse en el conductor que necesitaba un equipo completamente extraviado. A los 66 minutos, Gago intentó cambiar la historia con el ingreso de Octavio Rivero por Vásquez, pero la modificación tampoco consiguió darle respuestas ofensivas.
El tramo final mantuvo la misma tónica. A los 71 minutos, el encuentro volvió a calentarse con reclamos de ambos equipos hacia Diego Flores, mientras Católica continuaba aprovechando cada espacio para salir de contragolpe. A los 77', Sebastián Arancibia y Justo Giani encabezaron una nueva transición que terminó con el argentino enviando la pelota a la red. Sin embargo, la conquista fue anulada por posición de adelanto, manteniendo una diferencia mínima que la U fue incapaz de remontar.
La derrota tiene consecuencias enormes. Universidad de Chile desperdició la posibilidad de estirar a ocho puntos su ventaja sobre Católica y, de paso, dejó prácticamente sepultada cualquier aspiración de alcanzar a Colo Colo en la pelea por el título. Ahora, en lugar de mirar hacia arriba, deberá preocuparse por defender el segundo puesto ante un rival que volvió a meterse de lleno en la disputa.
Católica ganó a su manera, sin grandes luces futbolísticas, pero con un libreto que conoce de memoria y que ejecutó con eficacia. La U, en cambio, perdió mucho más que tres puntos: dejó escapar una oportunidad inmejorable para consolidar su posición y volvió a sembrar dudas sobre el funcionamiento de un equipo que, cuando más necesitaba demostrar jerarquía, simplemente no estuvo a la altura.